Jueves 18 de septiembre del 2008 Religiosa y Obituarios

‘Narcisa de Jesús me permitió tener a mi hijo’

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Leonor Zambrano ayuda a su esposo en la elaboración y pintada de las estatuillas de Narcisa de Jesús en su taller en Portoviejo.

Con moldes de arcilla o plastilina se da forma a unas diez mil estatuillas de Narcisa de Jesús que se elaboran en promedio cada año en el taller del escultor manabita Bosco Cedeño.

Repisas de madera repletas con imágenes de santos dan cuenta del trabajo que se realiza en el local que Cedeño tiene en su vivienda, en Portoviejo.

Estas figuras después se venden en su mayoría en el santuario de la beata Narcisa de Jesús Molina, en Nobol, por lo que viaja dos veces por mes para repartirlas. “En tantos años de viaje nunca me ha ocurrido un accidente porque siempre me encomiendo a Narcisa”, refiere Cedeño, quien ha dedicado 30 de los 48 años que tiene a esta actividad.

En ese tiempo formó un hogar y con su trabajo construyó poco a poco una vivienda de tres pisos, además le ha servido para sustentar la educación y alimentación de sus tres hijos.

El arte de convertir masas de resina y yeso en imágenes religiosas que luego compran los feligreses católicos lo aprendió cuando emigró del cantón manabita Pichincha a Portoviejo para laborar en un taller.

Allí se especializó en la creación de los moldes que sirven de base para la multiplicación en serie de las estatuillas.

Las pinceladas que dan color a las figuras de Narcisa las hace por lo general Leonor Zambrano, esposa de Cedeño.

Ella cree que los rezos a la beata le permitieron quedar embarazada. “Teníamos doce años de casados y no podíamos tener un hijo. Finalmente lo conseguí a los 42 años, después de que el primer bebé nació muerto”, dice.

La pareja comenta que ninguna de las estatuillas elaboradas le “ha dejado más que la beata Narcisita”.
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