miércoles 17 de septiembre del 2008 Columnistas

Mezcla explosiva

He recibido varios comentarios a propósito del artículo de la semana anterior.

Desde Uruguay me escribe Gladys: “Me tiene preocupada Latinoamérica, parece un volcán lanzando humaredas peligrosas que amenazan con una eminente erupción. Es que los países andinos tienen muchos recursos necesarios y escasos en el resto del planeta, que el gran águila, planeando desde lo alto, quiere arrebatar. Es todo complejo y tiene varias lecturas. Con todo creo que la más clara es el ‘despertar’ a la valoración de lo que tenemos. Y eso lo hacemos con enojo, con ira acumulada, por el pisoteo continuo al que hemos sido sometidos. La historia refleja algo de ese saqueo de adentro y de afuera. En ese marco se inscriben –para mí que no soy politóloga, solo atrevida ama de casa que cría nietos–, el surgimiento de caudillos como los actuales, verdaderos Júpiter tronantes, que catalizan la sumisión ancestral e ignorante. La concentración de poder se la ve como una necesidad para ‘actuar rápido’ en forma ejecutiva, sin dilaciones, con protagonismo exacerbado, que los pueblos quieren y en gran medida, aprueban.

Creen que ahí esta la solución a años de despojos. Soplan vientos huracanados y nuevos, como las tormentas tropicales. Y en regiones tan marcadas por la geografía tan rica, colorida y por momentos violenta como la de sus países, no queda mucho espacio para el ‘pensar’. Es el momento de ‘hacer’, con tono dramático y grandilocuente, como la geografía. En un remolino avasallador que embiste y arrasa. No está todavía demostrado que construye. Por otra parte estoy convencida de que el ser humano debe su evolución a los desafíos, no solo intelectuales sino, y muy marcadamente, a los físicos, que nos obligaron a ponernos en dos pies para ver los animales desde lejos para que no nos comieran. Si pudiéramos transferir la violencia desatada en proyectos nacionales, regionales, que nos enamoren, nos volcaríamos con pasión a eso. Le escribo porque simplemente me preocupa Latinoamérica”.

El Ecuador entero votó por lo que estimó era un proyecto innovador, constructivo, ético y alegre. Se descubre dividido, enfrentado, confrontado, espiado, maniatado en su expresión, acorralado por el miedo. Poco queda de un proyecto aglutinador, alegre y joven.

Los cambios buenos parecen tener dueños exclusivos y excluyentes y el temor a los epítetos y las confrontaciones, no de ideas y con argumentos sino de etiquetas, enrarece el clima familiar y las reuniones entre amigos. Las conversaciones se tornan banales para no levantar olas o al contrario son verdaderos torneos de boxeo verbales en los que todos salen perdedores.

Mezcla explosiva: la necesidad imperiosa de cambios con el atropello desde el poder para hacerlos sin tomar en cuenta las diferencias. La verdad no tiene dueños ni dueño, ella nos posee y nosotros, si somos humildes buscadores de sus trazas, nos convertimos de a poco en su reflejo. La construcción colectiva de la justicia es el otro nombre de la paz. No se puede cosechar lo que no se siembra. Por lo tanto, no vamos hacia una sociedad de entendimiento y construcción comunes sino que nos esperan mayores enfrentamientos.

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