Una quiebra de AIG tendría consecuencias incalculables para el sistema financiero, porque los inversores del mundo entero tendrían que registrar nuevas depreciaciones de activos que creían garantizados por la aseguradora.
El ex presidente del grupo asegurador estadounidense, Hank Greenberg clamó por una solución, pública o privada, al advertir que "harían falta muchos años para recuperarse de una quiebra de AIG", en entrevista con la televisora CNBC.
American International Group (AIG), que por mucho tiempo fue la primera aseguradora a nivel mundial, se encontraba el martes en una carrera desenfrenada por conseguir de 75.000 a 80.000 millones de dólares que le permitan evitar la bancarrota.
Una quiebra de AIG podría tener un impacto mayor a la de Lehman Brothers. "Muchos piensan que la bancarrota de AIG sería más catastrófica que todo lo que ha confrontado el mercado" hasta este momento, estimó Liz Ann Sonders, analista de Charles Schwab.
El hundimiento de la acción de AIG reforzó el temor número uno del banco central: la aparición de un riesgo sistémico o la desaparición de un actor importante arrastrado por un efecto dominó.
"El riesgo sistémico del que tanto se habla existe en AIG. Con Lehman, tenemos problemas que se resolverán sobre la marcha, pero la amplitud de una quiebra de AIG sería más importante", indicó Gregori Volokhin, de Meeschaert New York.
"Si queremos estabilizar el sistema hoy y no arrojarlo hacia un abismo, AIG debe ser salvado", insistió.
Un verdadero gigante del mercado de los seguros a nivel mundial, AIG posee 74 millones de clientes en el mundo, la mayor parte de ellos en Estados Unidos.
Pero el riesgo para las finanzas internacionales proviene de su portafolio de activos, que al 30 de junio se elevaba a 1 billón de dólares.
La aseguradora emitió un gran número de "credit default swaps" (CDS), instrumentos financieros que aseguran a los inversores contra la falta de pago de un emisor de obligaciones.
Estos complejos productos, ligados generalmente al mercado inmobiliario estadounidense, se encuentran en el corazón de la crisis bancaria actual y ya han provocado masivas depreciaciones de activos en todo el mundo.
Según un documento recibido por la autoridad bursátil estadounidense (Securities and Exchange Commission, SEC), al 30 de junio AIG tenía acumulados unos 441.000 millones de dólares en esos productos.
"No se pueden remover del sistema todas las garantías, sería demasiado grave para la mayor parte de las instituciones", advirtió Volokhin.
"Todos los bancos del mundo tienen a AIG como contrapartida. Y todas las instituciones que utilizaron a AIG para disminuir el riesgo y asegurar su exposición, se encontrarán en dificultad", señaló el analista.
En caso de quiebra de AIG, los bancos verían desplomarse el valor de sus activos, sobre todo aquellos inscritos en el mercado del crédito hipotecario, lo que se traduciría en la depreciación de activos en sus cuentas.
Esto significaría para el sector financiero, ya golpeado por más de un año de crisis, nuevas pérdidas, una disminución de su liquidez y de sus fondos propios. Nuevas quiebras estarían a la orden del día.
"Es una espiral negativa", expresó Marc Pado, de Cantor Fitzgerald, al juzgar indispensable una intervención de las autoridades estadounidenses, que hasta ahora no han mostrado intención de lanzarle un salvavidas a AIG.
"Encontraremos una solución temporal porque el riesgo para todas las instituciones del mundo es muy grande", auguró Volokhin.