- SEP. 16, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
Uno de los trabajos más destacados de la escena porteña en los últimos cinco años, La omisión de la familia Coleman, se presentó en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas de Guayaquil.
La obra del grupo argentino Timbre 4, dirigida por Claudio Tolcachir, recorre mediante un excelente manejo de la composición escénica, los pliegues de una familia al límite de la disolución.
La pieza plantea, aunque la risa surja de absurdas situaciones que se presentan al espectador, una tragedia donde lo siniestro se materializa en la negación sistemática de lo que vive cada personaje. Ninguno asume el deterioro de la familia en un declive del sálvese quien pueda.
Cada uno hace lo que tiene a su alcance para negar al otro; ocultarlo y quebrar el espacio donde comparten sus miserias.
Marito y sus tres hermanos, Gabi, Damián, Verónica junto a Memé (la madre) y la “Abuela” componen el dínamo de la obra. Y la conjunción de esas criaturas, genera un espectáculo que se aleja de un aparente registro naturalista y provoca un constante extrañamiento en el espectador. Actuación pura. Quien haya tenido oportunidad de toparse con personajes como Meme o Marito, difícilmente puede erradicarlo de su imaginario.
El trabajo compositivo de los actores se basa en una presencia escénica potente, cimentada por una cadena de microacciones que se conjugan en una precisa partitura teatral. El espectáculo, por lo tanto, presenta como resultado un acto vivo y no una mecánica inerte de la representación. A esto, se adhiere la utilización del espacio con mínimos pero fundamentales elementos.
Hace tiempo hay un tópico recurrente en la escena teatral porteña: la familia disfuncional. Y en este caso, La omisión de la familia Coleman, por su solidez en la forma y el contenido, fue un punto bisagra en el teatro de Buenos Aires. La obra surgió luego de un año de improvisaciones en la casa del director, quien derrumbó paredes de su vivienda, un departamento de planta baja, para instalar una pequeña sala teatral: Timbre 4.
De modo que en esta obra el espacio es un componente esencial, ya que el espectador de Buenos Aires ingresaba al living de los Coleman y los actores estaban a menos de medio metro del espectador. Y esta intimidad con los personajes resultaba escalofriante.
Sin embargo, esa determinante condición espacial del teatro-casa, logró plasmarse en un vasto catálogo de escenarios en distintos países.
Y en Guayaquil, en la sala de Sarao, lejos de su casa de Boedo, esta familia subnormal y argentina hasta la médula, brindó un excelente muestrario de sus calamidades.