martes 16 de septiembre del 2008 Columnistas

Monumento al pasado

El Gobierno sufriría una derrota aplastante si el proyecto de Montecristi no recibe la aprobación de al menos el 80 por ciento de los votantes. No llegar a esa marca sería el peor fracaso de la llamada “revolución ciudadana”.

¿Cómo no va a superar esa votación un Gobierno que ha hecho lo que el actual ha hecho durante los últimos meses? ¿Cómo no va sacar más del 80 por ciento de los votantes si se toma en cuenta el torrente de fondos públicos que viene gastando en propaganda electoral (cínicamente llamada “publicidad”, en unos casos, y “campaña educativa”, en otros)? ¿Cómo no va a lograr superar ese nivel del 80 por ciento luego de los últimos y generosos anuncios de incrementar los bonos de vivienda y de desarrollo en una nación llena de pobreza y desesperación? ¿Cómo no obtener esa aprobación un Gobierno sin oposición y sin organismos de control que le obliguen a cumplir con la ley? ¿Cómo no superar esa marca un Gobierno que tiene bajo amenaza constante a los medios de comunicación que no le son acólitos?

Si se llegó al punto de suplantar la voz de una persona que sufre una discapacidad en su habla para que aparezca en el video oficial sobre los hechos de la Universidad Católica como insultando a la policía, si se llegó hasta ese punto de manipulación, ¿qué otra cosa no serían capaz de inventar? (¿Dónde están, a propósito, las comisiones y los intelectuales que dicen defender los derechos humanos frente a semejante manipulación de la imagen de una persona discapacitada?).

¿Cómo no va a superar ese 80 por ciento si la enorme masa de votantes no ha leído la larga y mal escrita novela de Montecristi? (Y los pocos que se han aventurado a hacerlo han sucumbido presas del aburrimiento). El Gobierno está arrancándole a la gente el sí al proyecto a punta de ofrecer subsidios con la amenaza tácita de que lo perderían todo de no ganar el referéndum, pero no a punta de un conocimiento del proyecto. Es la peor bofetada a la dignidad de las personas, por muy pobres que ellas sean, esta de jugar con su hambre.

Creer que así se construye una democracia participativa, o deliberativa –como reclama Habermas– es un engaño. Un engaño como el de la voz de la joven del video. Pero una nación que ha sufrido tantos engaños difícilmente puede reaccionar frente a otro más. Estamos asistiendo en el Ecuador a la cosecha de lo que sembraron los dueños del país del pasado que ahora guardan vergonzoso silencio.

A ellos el presente Gobierno les debe levantar un monumento de agradecimiento. Gracias al estilo mafioso que usaron estos señores para gobernarnos, hoy el Ecuador carece de instituciones políticas, cultura jurídica y organización democrática lo suficientemente sólidas para impedir que prospere esta o cualquier otra dictadura.

No en cuerpo, pero sí en espíritu, ellos estarán junto al Gobierno la noche en que se proclamen los resultados, cualesquiera que estos sean.

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