martes 16 de septiembre del 2008 Columnistas

El Niño y los desastres

Los más frecuentes y asoladores desastres que ha sufrido el territorio ecuatoriano, en especial hacia el centro y del sur de la Costa, han sido provocados por el fenómeno El Niño.

¿Qué es este fenómeno? Durante varios meses del año, los vientos impulsan el agua del mar desde las costas sudamericanas hacia Oceanía, a lo largo de una amplia faja de zona tropical. En los siguientes meses se invierte la dirección de los vientos y las aguas refluyen hasta golpear nuestras costas, con el agravante de que tales aguas han recibido la radiación solar durante los meses del reflujo y su temperatura ha subido 2, 3, o más grados centígrados. Por ende, ha aumentado la evaporación y se han formado enormes y densas nubes. Estas ocasionan las lluvias de nuestro “invierno tropical”.

En años normales, las primeras lluvias ocurrían pocos días antes de Navidad y por ello se le dio el nombre de “Corriente de El Niño”. En realidad no es una corriente marina sino el fenómeno arriba descrito. Desde diciembre las lluvias de El Niño van en aumento, llegando al máximo entre febrero y marzo, con un descenso brusco, a casi cero, entre mayo y junio.

¿Cuán frecuente es El Niño? Años atrás, científicos nacionales y extranjeros reunidos en una conferencia en la Casa de la Cultura, discreparon: para uno de ellos El Niño vuelve cada 3 años, para otros, cada 72 años. Pero ninguno presentó datos cuantitativos.

Tengo a mano las cifras de las lluvias en Guayaquil.

En años normales, es decir, con Niños pocos intensos, las lluvias suman de 1.100 a 1.300 milímetros. En el año 1940 las lluvias llegaron a 1.600 milímetros; en 1943, a 1.500 milímetros; quince años luego, en 1958, llegaron a 1.800; catorce años después, en 1972, a 1.900; cuatro años más tarde, en 1976, a 1.850 milímetros; y en 1982-83 llegaron a más de 2.500 milímetros. La temperatura del agua subió hasta 10ºC.

Como se ve, los “grandes” El Niño no se producen según un ciclo regular.
Sin embargo, es sobremanera importante estar conscientes de que tarde o temprano, inexorablemente volverá un gran El Niño, con su cola de desastres. Y eso para referirme solo a El Niño, bien conocido desde tiempos inmemoriales. Hoy sabemos de otro fenómeno llamado La Niña, con distintas características pero también destructivo.

Para estos y otros fenómenos naturales, es tiempo de que los poderes públicos promuevan un apropiado estudio de los efectos desastrosos, lugares dañados, diques destruidos, deslaves, destrucción de caminos, carreteras y demás. Estamos a tiempo de tomar medidas preventivas a fin de que los daños tengan paliativos oportunos y sean lo menos drásticos posibles.
Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.