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LUNES | 15 de septiembre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Ola de asaltos

¡Por Dios, señor Presidente! ¿Cuántas cuotas macabras deben cumplirse para que sus ministros y colaboradores de mando medio ya valoricen la vida de los ecuatorianos, antes que dedicarse a flexibilizar las escasas leyes contra los criminales?

Usted se opuso al aumento de las penas cuando los anteriores congresistas destituidos así lo propusieron. Basó su oposición en que esos especímenes sanguinarios son también seres humanos. ¿Y la incalculable cantidad de gente masacrada? Bien, gracias. Su gobierno estimula la entrada de extranjeros sin control migratorio. No es que no haya habido delincuencia en Ecuador, pero ahora este flagelo social se ha agravado con la escuela siniestra de ciertos foráneos perniciosos que llegaron aquí, a “su paraíso”.

Uno de sus  funcionarios desarma al personal de seguridad privada. Quizá por muy “sabio” se le ha metido en la cabeza que sin arma se puede combatir a los asesinos, y olvida que en toda institución hay buenos y malos servidores como sucede en la Policía Nacional, incluso.
La medida más idónea es una acertada selección de elementos, y combatir la corrupción no solo a nivel de los subordinados sino también en las elevadas cúpulas, las de la resistencia y las que jamás se ruborizan.

Se prohíbe al público conocer de modo visual a los antisociales hasta que algún día sean sentenciados, pero todos sabemos que sus socios, algunos jueces y fiscales, legislan a su favor para ponerlos en libertad inmediatamente porque no hay poder alguno que castigue a estos otros transgresores crónicos de escritorio. Un supuesto activista de derechos humanos devalúa el criterio profesional de un oficial de alto rango policial, sobre la incidencia de la migración en el aumento de la delincuencia.

Una vez más queda claro el engranaje de una consigna de protección únicamente para los enemigos sombríos de la sociedad. Por no renovar el convenio para que el FOL siga operando en la Base Aérea de Manta, ya es de suponerse quiénes se benefician directamente.

Marcos Mendoza Mero,
abogado, Guayaquil


Con tener más policías en las calles no solucionaremos el problema de la  delincuencia.

Hay que vigilar a los fiscales y jueces para que administren bien la justicia, pues por cierta de esta gente y por su  responsabilidad, los delincuentes entran y salen libremente de la cárcel. Parches y parches; las intenciones son buenas y la delincuencia seguirá avanzando, pues la falta de moral y de escrúpulos va ganando terreno.

Rosa Aren,
Wemmel, Bélgica


 

Ola de asaltos II
El Comandante General de la Policía y compañía en menos de 24 horas han logrado capturar a los cabecillas de la banda de delincuentes que últimamente ha mantenido en zozobra a quienes asisten a restaurantes repartidos a lo largo de la urbe.

 De la misma forma han apresado a los asaltantes que delinquían en barrios populares.

Me causa mucho asombro que en tan corto tiempo la Policía obtenga resultados esperanzadores.

No nos debería sorprender que, en estos tiempos de campaña electoral, se sobresature más al pueblo con otra de las muchas propagandas en radio y televisión, que por cierto utilizan fondos públicos, señalando que la Policía, así como el Gobierno, luchan por mantener la ley y el orden en todo nuestro país. Esperemos que ya no nos tomen más el pelo con eslóganes como “la seguridad ya es de todos”, porque los ecuatorianos, y en especial los guayaquileños, no compraremos su pantomima.

Andrés Pezo P.,
estudiante, Guayaquil


Este Gobierno ha sido en poco tiempo no solo la decepción, sino una de las traiciones más grandes que ha vivido el país.

La revolución ciudadana encaminada al socialismo del siglo XXI definitivamente, y sin miedo a equivocarme, es una completa farsa. El socialismo en teoría se basa en la igualdad, en que todos reciban lo mismo, que haya justicia social. ¿Se ha cumplido esto?

En una propaganda aparece un tipo con peluca quejándose de la Constitución, y a la par le va creciendo la nariz. Analicemos. ¿Cuánto dinero se ha gastado el Gobierno en campaña publicitaria desde que asumió el cargo?, definitivamente una cifra incierta, pero podemos tener la seguridad de que ha sido mucho dinero.

El ministro Fernando Bustamante, una de dos, o vive en un mundo de fantasías o simplemente debería tener la nariz tres veces más grande que la del tipo de peluca de publicidad a favor del Sí, ¿cómo puede decir “estamos igual o mejor”? Tan fresco él como que si nada pasara. Este señor desde que asumió el cargo viene diciendo que “la delincuencia en Guayaquil ha bajado”. ¡Por favor! Estar “igual” no es un logro, si esta ciudad es peligrosa.

Nosotros los que no tenemos guardaespaldas y policías a nuestra disposición las 24 horas del día, sabemos muy bien que la delincuencia ha crecido en esta ciudad.

¿Qué irónico, no? Promocionan la equidad, la igualdad, la justicia; que la patria ya es de todos. Pero, ¿acaso al ciudadano común cuando le roban el carro se monta un operativo y se mueve a la Policía para recuperarlo, tal y como se hizo con el hermano del Presidente? ¡No! Y predican la ‘igualdad’.

Invito al ministro de Gobierno, Fernando Bustamante, quien dice que la delincuencia “ha bajado” a que desista de los policías que tiene a cargo, ¿por qué si la ciudad es tan segura anda él con policías resguardándolo?

¡Irónico!, ellos pueden estar tranquilos, con tanto resguardo no les van a robar, ellos tienen seguridad a costa de lo que nosotros pagamos en impuestos.

Felipe A. Cucalón,
guayaquil


 

Ola de asaltos III
Caminar por las calles regeneradas en el barrio Orellana, es como para sentarse a llorar de rabia e impotencia, por la serie de robos que se  cometen de los ornamentos de la ciudad por los cuales hemos pagado.

Los delincuentes aprovechando la “brillante” orden de retirar las armas a los guardias privados (solo cuentan con un pito) y por eso están haciendo de las suyas; robándose las rejillas de las jardineras que están en las veredas, las rejillas de las aguas lluvias, las tapas de los medidores de agua, las tapas de los postes,  etcétera, esto ocurre en las calles Alejo Lascano entre Esmeraldas y Los Ríos,  en Luis Vernaza y Esmeraldas, Padre Solano y Mascote.

En el centro de Guayaquil también se comete este tipo de saqueos en la avenida Nueve de Octubre y Antepara, y así por el estilo en otras zonas, por lo que sería largo enumerar tanto daño y destrucción que causan los “amigos de lo ajeno”. ¿Y las autoridades policiales?, bien gracias, parece que no hacen guardia en las madrugadas; se nota que no cuidan ni dejan cuidar la ciudad. ¡Hasta cuándo!  ¿Quién controla a los ladrones en Guayaquil, por favor, quién?

Adriana Triviño Moreira,
Guayaquil
Delitos de altos burócratas, nadie filma, peor controla
Entrar ahora a algún ministerio o institución pública para hacer seguimiento a un simple trámite, se ha convertido en una tarea titánica casi imposible.

En información, empiezan por retenerle ilegalmente su identidad, es decir su cédula de ciudadanía. Si logra pasar, en el filtro de seguridad lo cachean o revisan todo lo que lleva.

A partir de ahí, decenas de cámaras de costosos sistemas informáticos que penden sobre su cabeza le acosarán y perseguirán por las escaleras, los pasillos, los ascensores, las antesalas, invadiendo lo que usted creía no había perdido: su privacidad, y convirtiéndolo ya en un potencial sospechoso..., tan solo por ir a ver cómo va el trámite.
 
Es como si todos los ciudadanos que visitamos una institución “pública” fuésemos a robar o a cometer un delito, cuando todos sabemos que los grandes peculados del erario público nacional no lo cometen esos pobres usuarios y empleados administrativos en los pasillos de los edificios, sino que se negocian en lujosos despachos ministeriales y oficinas de importantes burócratas, donde –por coincidencia– son los únicos lugares libres de cámaras y testigos.

Ah, después de escuchar usted que vuelva en quince días, al salir no olvide su cédula de ciudadanía que en la calle le espera el “Plan Libertador” que, mediante “inteligencia” (?), nos mantendrá vigilados, controlados, y atemorizados  todo el tiempo.

Pablo Izquierdo Pinos,
pediatra y médico salubrista, Quito
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