El proyecto de nueva Constitución, que va a ser sometido a votación, introduce algunos términos, aún oscuros en nuestro medio, según algunos asambleístas, “subdesarrollado”. Uno de esos términos es “género”, cuyo significado y objetivos apenas son conocidos por poquísimos ecuatorianos. Sus efectos nocivos pueden ser observados en países económicamente ricos, pero deshumanizados.
El artículo 70 del proyecto establece que, para alcanzar igualdad entre mujeres y hombres, el Estado “incorporará el enfoque de género en planes y programas”. Actuales gobernantes quieren que esta ideología se haga pronto realidad; por eso establecen una evaluación de su cumplimiento: en el artículo 156 se lee “los consejos nacionales para la igualdad ejercerán atribuciones en la evaluación de las políticas públicas relacionadas con las temáticas de género”.
La ideología de género se origina en la lucha de clases de Marx y Engels, según la cual el patriarcado ha oprimido a la mujer. La familia y el matrimonio, según esta ideología, son instituciones opresoras del capitalismo, que hay que erradicar, aboliendo paternidad y maternidad, mediante la anticoncepción y el aborto. Esta ideología se hizo aún más nefasta, uniéndose con el permisivismo sexual de Estados Unidos y la revolución intelectual, que estalló en el 68. Según estas tres fuentes, la feminidad y masculinidad no estarían determinadas por el sexo, serían solo funciones establecidas por una cultura a servicio del varón opresor. La mujer, para ejercer iguales derechos que el varón, debería rechazar todo cuanto impide esa paridad con el varón; principalmente, la maternidad. “Los humanos no nacen varón y mujer; se hacen”. Esta ideología afirma: las personas nacen neutras, y cada uno (a) opta por su género y su orientación sexual.
La feminidad, la masculinidad y sus funciones variarían según el tiempo y la organización económica social. La atracción mutua entre varones y mujeres no nace de sí mismos, sino del condicionamiento social. La mujer no nace ni para esposa ni para madre. Ni los ciegos sensatos pueden negar la diferencia somática y psicológica de varones y mujeres. Elizabeth Badbinter, estadounidense, afirma que el afecto materno es un mito.
La ideología del género incluye la eliminación de la procreación natural y su reemplazo por métodos artificiales, como la reproducción asistida, in vitro, etcétera; encierra el derecho al aborto y toda forma de control de natalidad. (Otras formas respetan lo humano).
Para liberar a la mujer de la imagen de madre en el hogar, hay medios, que son la anticoncepción y el aborto. Los ideólogos de género ocultan el aborto en expresiones elegantes e inofensivas como “salud reproductiva”, “control del propio cuerpo”. Estas expresiones ya son consideradas por muchos como inofensivas.
Otro de los objetivos de los autores de la ideología de género es eliminar las religiones, especialmente la católica, porque defienden lo “natural”.
Estas dos luchas no se contraponen, se encuentran: la de un régimen estatista, empeñado en la liberación frente a un imperialismo y la lucha del imperialismo farmacéutico compra conciencias, que se sirve de ONG empeñadas en degenerar las costumbres de los países pobres y debilitar su potencial demográfico.