Llamó mi atención la reciente publicación de una novela premiada en un concurso a nivel continental, cuyo tema es el Opus Dei. Este interés se entiende considerando que hice mi primera andadura literaria con una obra cuyo evidente trasunto es esa misma organización religiosa. Han pasado doce años desde el lanzamiento de mi libro que fue finalista en la III Bienal de Novela Ecuatoriana y mereció un moderado respaldo de ventas. En estos doce años he tenido propuestas, alguna tentadora, de reeditar ese relato pero, hasta hoy, me he negado a hacerlo por varias razones.
Primera, no hubo una segunda edición porque encontré en el libro cierta ingenuidad literaria, errores propios de una ópera prima que no precisamente me llenan de entusiasmo. Estos, sin embargo, son defectos hasta cierto punto legítimamente subsanables en una reimpresión.
Segunda, a pesar de que no hay una sola línea en la novela (que además es eso, novela, ficción) que pueda calificarse de calumniosa o maliciosamente falsa, creo sí que se enfocaban muchos puntos desde un ángulo errado. Por ejemplo, se acusaba allí a la organización de haber influido negativamente en ciertas circunstancias de la vida del protagonista. Y aunque tales pasajes están basados en testimonios y experiencias reales, creo que no se resaltó, como en la realidad ocurrió en los casos consultados, que esa influencia no habría podido realizarse sin un amplio consentimiento de parte del “afectado”. Y que no se diga que hubo alguna manipulación para obtener tal consentimiento, no me consta y nadie ha podido probarlo, que se practica allí algún tipo de lavado cerebral o procedimiento equivalente.
Y tercera, que si bien no era la primera novela sobre el tema, le han sucedido otras cuya compañía no me honra. Están, por ejemplo, la de Jaime Bayly, de muy mal gusto, y ese amasijo de plagios, ignorancia petulante y mal intencionadas falsedades que se titula El código Da Vinci. No quiero que me metan en el mismo saco. Y es que para un escritor el Opus Dei es una presa fácil. Es una entidad de gran tamaño, pero con poco poder efectivo. No tiene un brazo político, ni militar y tampoco, aunque se insista en lo contrario, una gran fuerza económica. Si fuese la intención de sus dirigentes vengarse de los literatos que cargan contra ella, no veo a qué armas podrían recurrir. Entonces, no se es demasiado valiente al atacar a este gigante inerme.
No, no pienses que me he “convertido”. Sigo discrepando con “la Obra” en muchísimos puntos, en los más de los cuales discrepo con la Iglesia católica en general. Me parece que los seguidores de Escribá de Balaguer interpretan el catolicismo con coherencia y consistencia teológica, pero es una coherencia al interior de la Iglesia, no necesariamente consistente con la realidad, visión que no me siento obligado a compartir. Pero, claro, esto no tiene nada que ver con sostener que el Opus Dei es una sociedad secreta que roba reliquias, que conspira contra gobiernos, que droga a jóvenes para mantenerlos sumisos… de semejantes disparates estoy, estuve siempre, lejos.