Luego buscaron un montículo de tierra para ubicarse cada uno con la mirada dirigida a distintos puntos cardinales. Buscaban algún antílope para convertirlo en comida.
“Era como observar a la naturaleza en el estado más puro, más sublime. África es sin duda uno de los últimos reductos donde puede apreciarse la grandeza de la naturaleza”, señala Susana Cordero de Espinosa, reconocida cuencana ensayista y miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.
Susana recorrió algunos parques naturales durante su estadía en Kenia entre diciembre del 2006 y febrero del 2007, cuando junto con su esposo visitó a su hijo Pedro, quien desde hace tres años labora en la oficina de las Naciones Unidas en Nairobi, capital keniana.
La experiencia comenzó en el Parque Nacional de Nairobi, reconocido como el más grande del mundo cercano a una capital de país. Allí recuerda haber contemplado la elegancia de manadas interminables de antílopes de todos los tipos, en cuyas pieles “se mostraban todos los tonos de cafés, grises y negros que uno pueda imaginarse”, indica Susana, quien además contempló maravillada el lago Nakuru, en el parque nacional del mismo nombre, hábitat de casi dos millones de flamencos rosas.
“Era impresionante ver a miles de esas aves tan elegantes, estilizadas y hermosas, mientras que en las orillas del lago había manadas de búfalos con aspecto tan duro y torpe”, recuerda desde su residencia en Quito.
En el Parque Nacional Masai Mara disfrutó de tres días de recorridos en un jeep especial para observar elefantes, jirafas, rinocerontes y leones en su hábitat natural. Aunque el animal que más la impresionó fue el leopardo, al que divisaron descansando en una rama después de haber comido un antílope. Las patas (del antílope) estaban colgando en una rama contigua, indica Susana, quien profesionalmente ahora planea explorar otros horizontes distintos al ensayo: la narración creativa. “Es un hermoso regalo que quiero hacerme”, concluye.