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Edición del DOMINGO 14 de Septiembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Educar: Balance entre disciplina y amor
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Olga Pérez
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Patria y Olga son nombres que no se pronuncian solos, a la primera la llaman doctora y a la segunda licenciada, pero a ambas, las rectoras del Colegio 28 de Mayo y de la Unidad Educativa Alborada, respectivamente, se las conoce por  su vocación de educadoras.

Cientos de nombres y rostros cruzan por la memoria de la doctora Patria León, rectora del Colegio fiscal experimental 28 de Mayo, al hacer un recuento de sus 35 años de labor como educadora, mientras que la licenciada Olga Pérez, propietaria y también rectora de la Unidad Educativa Alborada, con menos estudiantes a su cargo pero con 43 años de labor, recuerda con frescura a sus primeros alumnos que hoy ya son profesionales.

Las dos maestras viven situaciones diferentes: la primera se enfrenta día a día a las inquietudes de las más de 6.000 adolescentes, mientras la otra escucha y convive con los juegos y gritos de los casi 300 estudiantes de primaria; sin embargo, ellas coinciden en la responsabilidad de dirigir grupos de estudios,  de los cuales  sienten cada logro y desatino como si fuese suyo.

Ellas han dedicado su vida a enseñar, y dicen debatirse entre la necesaria disciplina y el innegable amor que sienten por sus alumnos o alumnas. Porque estas maestras se apropian de los problemas y alegrías de sus aprendices, pues sienten sobre sus hombros la responsabilidad de educar de forma positiva y lo hacen con dedicación y entusiasmo.

Alumna, maestra y rectora
Desde los 12 años, cuando su madre madrugó para ser una de las primeras en la fila que se formaba, y aún se forma, en las afueras del colegio 28 de Mayo para alcanzar un cupo en la institución, Patria León empezó a destacarse entre las alumnas, y su madre no imaginó que aquel tique  pertenecía a la futura rectora del mismo colegio. Esta es una anécdota que recuerdan hasta la actualidad.

Patria se graduó de secretaria bilingüe y continuó  sus estudios universitarios hasta titularse como  licenciada en literatura, lenguaje y comunicación, mientras dictaba clases de inglés en una escuela particular, hasta que regresó a su colegio querido como reemplazo de una profesora de taquimecanografía, y a pesar de su inexperiencia como maestra de secundaria demostró responsabilidad y empezó una carrera profesional en un colegio que conoce a la perfección.

Ella es doctora en Ciencias de la Educación y tiene a su haber dos años de estudios  en Jurisprudencia, que por sus ocupaciones tuvo que dejar pero que no descarta retomarlos, así como también se dedica a dar asesorías pedagógicas.

Comenta que las formas de enseñar han cambiado notablemente, y que es importante estar al tanto de esas diferencias para que las alumnas cumplan con las exigencias del mercado laboral actual.

Ella comenta que su día en el colegio empieza con un recorrido por los pabellones, luego con visitas a los vicerrectorados para estar al tanto de cualquier novedad, y a media mañana llegar a su oficina que, por cierto, le permite tener una vista general del patio de la institución, para estar atenta a cualquier anomalía, comenta.

La imagen de una rectora seria e inflexible se disuelve al conversar con Patria, quien afirma que la disciplina se la debe llevar con cariño, y lo demuestra al mantener abiertas las puertas de su oficina para cualquier inquietud o solicitud de las estudiantes.

“Si yo vuelvo a nacer, volvería a ser maestra; uno gana poco pero se nace con esa vocación, me lleno de más amor y no escatimo tiempo a este colegio que me formó como profesional”, dice con una gran sonrisa en su rostro.

Ella asegura sentir mucha gratitud y afecto de parte de las alumnas, y al verse reflejada en cada una de ellas se llena de emoción y fuerzas para conseguir mejores herramientas para su aprendizaje.

Paso a paso para lograr un sueño

Olga Pérez es licenciada en Pedagogía y egresada de una maestría en Comunicación Social, pero ella se define, principalmente, como maestra.

Con 22 años de edad fundó lo que hoy se conoce como Unidad Educativa Alborada, comenta que llena de sueños e ilusiones se decidió a emprender un proyecto por el que realmente sentía vocación.

La institución nació como un centro parvulario, pero a medida que pasó el tiempo se compenetró con el mundo educativo, dio inicio a la sección primaria y próximamente ofrecerá hasta el décimo año de educación básica.

El nombre no tiene relación con la ciudadela en el norte de la ciudad, fue escogido porque significa iluminación, olvido de los problemas, comenta la rectora, así como también afirma que el propósito diario que se plantea es hacer que los niños vivan una experiencia de alegría  durante las horas de clases.

La infraestructura de la institución alberga a 289 alumnos, con un promedio de 20 estudiantes por aula, cuenta con tres plantas y una terraza que funciona como patio de recreación que, por supuesto, tiene medidas de seguridad para evitar cualquier accidente.

Olga admite que le hace falta espacio para el esparcimiento de los estudiantes, pero comenta que su mayor preocupación es la preparación de los profesores y los materiales didácticos para el desarrollo de las clases.

Ella demuestra estar al tanto de la situación de las notas académicas y disciplinarias de los alumnos, pues ha implementado un sistema en el que los profesores deben presentar reportes mensuales con las notas promediadas de los menores y cuando detectan que alguno está con rendimiento inferior piden el apoyo de los padres.

Así como se nota el interés por ayudar a niños de escasos recursos, pues entre sus tantos proyectos se plantea abrir una sección vespertina, en la que el costo de las mensualidades sea menor, un deseo al que llama “con conciencia social”, uno de los puntos claves en un educador, enfatiza. (G.J.)


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