La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 14 de Septiembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Moda
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Dr. Tecno
    Lo Nuevo
    Columnistas
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Sociedad
    Destino
    Música
    El Aguacate
    Arquitectura
    Libros
    De Cine y Del Resto
    Orientación
    Gastronomía
    Salud
    Cocina de Patricia
Columnistas 
Creciendo Con Nuestros Hijos
Anhelan amarse, pero no quieren casarse
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

Muchos saben que casarse puede ser un camino de dolor y decepción, y, por lo tanto, dudan sobre los beneficios de embarcarse a transitarlo”.

Llama la atención ver cómo las nuevas generaciones de adultos jóvenes estén postergando cada vez más el matrimonio.

Parece que la adolescencia dejó de ser un periodo de transición entre infancia y adultez, durante la cual los púberes comenzaban a experimentar con relaciones de pareja fugaces, para convertirse en “adultoscencia”, una larga etapa que va desde que son menores (12-13 años) hasta bien pasada la mayoría de edad (30 o más).

Como abarca cerca de dos décadas, se reúnen las ventajas de los niños con los privilegios de los adultos y valen toda suerte de relaciones  de pareja con intimidad sexual, pero sin ningún compromiso. Debido a que es una fase distinta a las tradicionalmente establecidas, no tiene reglas y, por lo tanto, se permiten toda suerte de juntes, arrejuntes y desjuntes.

Una de las razones para este fenómeno es que los “adultoscentes” de hoy son las primeras generaciones que desde su infancia se percataron de que sus padres no solo se amaban, sino que también a ratos se maltrataban, y que el matrimonio no es un estado de dicha perpetua, como lo creíamos quienes les antecedimos a la hora de contraerlo.

Muchos saben que casarse puede ser un camino de dolor y decepción, y por ello dudan sobre los beneficios de embarcarse a transitarlo.

Además, como la cultura mediática ha romantizado la independencia y establecido la libertad individual como el ideal, contraer matrimonio tiene poco atractivo para unos hijos que pueden disfrutar de las delicias de la intimidad sexual sin ninguna obligación.

Así, son muchos los que le huyen a sellar un compromiso conyugal permanente, no obstante su anhelante deseo de amar y ser amados.

A pesar de que no quieren sentirse solos y ansían la seguridad y el apoyo de una pareja que esté siempre ahí para ellos, evaden cualquier unión definitiva que limite su “libertad”. Como quien dice, quieren pero no quieren, y en definitiva no saben qué es lo que realmente quisieran.

Es verdad que la excesiva rigidez del pasado fue una limitante que llevó a muchos a comprometerse en matrimonios que significaron más penas que dichas. Pero no cabe duda que la falta de límites del presente está dejando a los hijos como a los ríos cuando pierden su cauce: estancados y desbordados.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados