El mensaje no dejaba claro si se refería a la propuesta de legalización de las uniones de hecho entre homosexuales, pero dado que este último es un tema del que todo el mundo está hablando, permítanme hacer una reflexión al respecto.
El concepto de familia es algo tan ligado a nuestra naturaleza como respirar o comer. De alguna manera, la familia es como la extensión de nuestra esencia. Muchos sociólogos piensan que la interacción con la familia extendida (abuelos, tíos, primos) es fundamental para la salud mental de las sociedades.
En los países hiperdesarrollados, los nexos con la familia ampliada se han perdido casi por completo; son culturas individualistas. En América Latina, el fenómeno de desintegración de la familia ampliada está mucho menos avanzado que en Norteamérica. Pero aun aquí en los más jóvenes se ve una clara influencia del ideal individualista estadounidense en vías de globalización.
La controversia
En EE.UU., la familia y los valores tradicionales son tema de candente controversia, avivada más recientemente por la polémica presidencia de Bush. Los conservadores que están en el poder proclaman que están allí para recuperar los valores familiares, pero la oposición liberal los acusa de estar pendientes solo del seguimiento formal de los valores tradicionales en lugar de tener una conducta verdaderamente ética.
El senador norteamericano Bernie Sanders escribió que es irónico que los senadores republicanos que se llaman defensores de los valores familiares son los mismos que apoyan la pena de muerte y las guerras por motivos económicos como la guerra de Iraq; y los mismos que siempre están del lado de las grandes corporaciones en la constante lucha por sus derechos de los consumidores en ese país.
Se han publicado muchos libros que denuncian la doble moral de los republicanos en el poder, a la vez que revelan sus escándalos de abusos de poder y atropellos a los derechos civiles. La religiosidad debería llevarnos al humanismo y la compasión, pero estamos viendo que, así como ha ocurrido antes en la historia de la humanidad, la religión sigue siendo utilizada por muchos como fachada para ocultar intereses oscuros.
Superar la intolerancia
En este siglo poca gente está todavía dispuesta a obedecer reglas que no tienen un sustento lógico, por más que constituyan una tradición. Yo suelo pensar que los valores tradicionales fueron un invento de los hombres para manejar a la humanidad cuando éramos menos evolucionados y sensibles que hoy.
La ética de estos tiempos es más práctica, más regida a los valores universales. Hechos como que el Vaticano se oponga al uso del condón, o que algunas religiones sigan condenando la homosexualidad como incorrecta, demuestran una mentalidad acientífica y poco reflexiva.
La homofobia no tiene ningún sustento ético, psicológico o biológico, más que el rechazo irreflexivo que producen las cosas que no estamos acostumbrados a ver. De hecho, no somos nadie para juzgar por anticipado la calidad moral de personas de hábitos sexuales diferentes de los nuestros.
El poder del amor
El concepto de familia es inseparable del concepto del amor. Muchas veces los padres cometen el error de querer imponer a sus hijos el respeto a los mayores y el amor por la familia. Pero si esa misma energía fuera invertida en cultivar las relaciones familiares, en aprender a tolerar las diferencias, a no imponer reglas sin diálogo, en dedicar más tiempo a escuchar, seguramente no haría falta usar la fuerza.
Cuando los hijos son educados con amor y respeto no necesitan buscar comprensión en el mundo exterior, y son más inmunes a la influencia cultural que no da valor a la familia.
No dejemos que nuestras culturas se vuelvan individualistas; mantengamos viva la institución familiar, pero sin que esto signifique discriminar o prejuzgar a personas diferentes. La defensa de la institución familiar no está reñida con la tolerancia a formas de vida alternativas.
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