No se trata de repetir la fórmula exitosa que alguna vez lo impulsó a ser productor, DJ y autor de incontables canciones llenas de éxtasis, beats y electrónica. Con el álbum Last Night, Moby hace un tributo a sus memorias nocturnas, a las luces de las raves (fiestas de electrónica), la emoción de estar entre la gente, disfrutando el único ritual de liberación total: la música.
Moby, o más bien Richard Melville Hall (11 de septiembre, 1965), lleva este apodo por los lazos familiares que lo unen al escritor Herman Melville, conocido por su obra Moby Dick.
A lo largo de su carrera ha remezclado para las noches de disco versiones de artistas como los Pet Shop Boys, Erasure, Michael Jackson y Depeche Mode, apropiándose de ellas como todos al bailarlas. Pero como buen DJ, él las recrea y las comparte.
Ideales con porte de ballena
Moby comienza a los 9 años, originado en un conservatorio, donde aprendió guitarra clásica, piano y percusión, así como teoría de la música. Integró durante su adolescencia bandas de punk como Vatican Commandos y Gin Train, pero inspirado en Manhattan y Joy Division se involucra, con 19 años y a escondidas, en el circuito nocturno de La Gran Manzana, para quedarse hasta las seis y a las siete entrar puntual a clases en Connecticut.
Hace diez años vendió diez millones de copias con su álbum Play, quizás el más representativo de su carrera musical. Las canciones de esta compilación han sido licenciadas para utilizarlas en películas, publicidad y series televisivas. A las quejas de sus fans por permitir esto, él responde que la música está para darle vida a todo, porque tiene vida propia.
Dedicado a la ayuda social por varias causas, Moby es miembro de algunas fundaciones de caridad en regiones de conflicto como el Tíbet y programas contra el hambre en África. Además escribe en su blog regularmente acerca de sus impresiones sobre las campañas políticas americanas actuales. En el video Disco Lies, de este álbum, incluye fuertes críticas a la industria y su consumo descontrolado de carne, evocando así su activismo vegetariano.
Moby vive en Little Italy, Nueva York, en la misma calle que David Bowie, y es miembro del grupo de artistas Little Idiot Collective (Colectivo Pequeño Idiota).
Codirigió un restaurante vegetariano llamado TeaNY, donde a veces llevaba la orden a la mesa de los visitantes. Dejó el negocio cuando su compañera de proyecto lo dejó a él. Aprovechando esto, como cada una de sus experiencias, saca el álbum Hotel, que lleva, como todos los discos de Moby, un valor integrado a su vida personal. Hotel simboliza lo efímero de sus relaciones amorosas, donde uno se hospeda y se va cuando quiere, sin limpiar el cuarto.
La última noche
En Hotel, Moby trata de experimentar algo diferente con aproximaciones al pop-rock. Last Night vuelve a concentrarse en el tecno, el house y lo alternativo de la manera más personal: un recorrido cronológico narrado en varios tiempos. Comienza con Ooh Yeah y I love to move in here, denotan la efusividad con la que se entra al ritual dentro del circuito nocturno. Este acceso regala varios elementos de la disco setentera y de los primeros bounces del hip-hop; nos recuerda sin retóricas al primer single de Moby, Go, con el que comienza su carrera como autor, paralela a su oficio de DJ.
El teclado preponderante en Everyday it’s 1989 abre paso a los beats del mañana con Live for tomorrow, con un ritmo más lento, un claro quiebre entre las primeras cuatro canciones íntegramente dedicadas a los experimentos electrónicos del ochenta, mucho menos chillón y más sencillo, apaciguando a Moby en el noventa y a la década actual.
Embriagados ya, las canciones Hyenas y Alice aparecen como dos personajes imprescindibles en el show de Moby, dos voces femeninas seduciendo, una inglés, otra francés, dignas para un lounge como el Buddha Bar parisino.
Para el turno de Sweet Apocalypse, la calma ya ha convertido la obra de Moby en un espacio de observación placentera. El éxtasis se apaga progresivamente con la canción que le da el nombre a este su reciente álbum, Last Night. El último track tiene en la mitad una pausa silente que esconde un piano y un saxo cansado esperando que amanezca. El mensaje de vivir cada noche como la última:
“Suave parche sobre la tierra donde puedo reposar mi pesada carga/ Oh hermosa escena en descomposición/ ahí está para recordarme que nada permanece igual. / Si esta es mi última noche en la tierra/ déjame recordarla por todo lo que vale”.
La noche anterior es solo un recuerdo entre los tantos que espera revivir, y el estribillo delata su amor dedicado a la experiencia vivida durante 25 años, durante los latidos de esa noche, durante su hora de viaje: “llévate estas dulces memorias contigo... y planta esas semillas en un lugar nuevo”.