La cultura rockera busca más espacio en la ciudad. Estudiantes universitarios de Guayaquil se unen para impulsar conciertos y darse a conocer. El fin de semana pasado se congregaron en el festival UPS Rockers.
Saben que no son miles, pero sienten que están creciendo y que están más unidos. Están convencidos de que necesitan agruparse con más regularidad para obtener representación ante los demás. Quieren alcanzar su objetivo: ser aceptados por la sociedad.
Para quienes integran la comunidad del rock en Guayaquil, la organización de festivales musicales es la mejor opción para demostrar “qué significa ser rockero”, como dice Israel Montesdeoca, uno de los organizadores del festival UPS Rockers efectuado la semana pasada, en el barrio Cuba, por iniciativa de la federación de Estudiantes de la Universidad Politécnica Salesiana.
Leonardo Álvarez, de 25 años, sabe con claridad qué pretenden los rockeros: “Que la gente sepa que somos parte de la sociedad, que no somos violentos y que no hacemos daño a nadie”.
La comunidad rockera en Guayaquil quiere crecer pero siente que no hay apoyo económico para la organización de encuentros musicales o para invitar a bandas de otras ciudades. “En Quito, por ejemplo, el Municipio ha apoyado la organización de conciertos”, comenta ‘Pura fe’, como se identifica Paúl Batallas, quien se declara católico y ferviente devoto del Divino Niño, algo que lo diferencia de muchos de sus compañeros.
Ángel Zurita no cree “en nadie”. Dice que los rockeros “tienen su propia ley” y niega que haya satanistas dentro de la comunidad. “Las calaveras, el color negro y las cruces son parte de nuestro código de identificación, no es nada malo”, anota.
Los festivales de música dan la oportunidad para que decenas o cientos de jóvenes se desinhiban en medio de la oscuridad... para que salten, griten y se mezclen en el baile del mosh, al que consideran una beneficiosa terapia colectiva antiestrés.
También es el espacio para que algunos ingieran bebidas alcohólicas y fumen marihuana hasta perder el sentido. “No todos lo hacemos”, aclara Daniela Altamirano, quien pide “no satanizar” a toda la comunidad “por el comportamiento de unos cuantos”.