El peso del servicio de la deuda pública ecuatoriana se ha reducido drásticamente. A julio la deuda total era de 13 mil millones de dólares, de los cuales 10 mil millones eran de externa y 3 mil millones de interna. Desde el 2000 la deuda externa se ha reducido en 900 millones de dólares.
Mientras tanto, el tamaño de la economía ha pasado de 16 mil millones de dólares en 2000 a 44 mil millones de dólares en 2007 en parte por efecto inflacionario, pero también por crecimiento real. En ese lapso la deuda externa en relación a la economía se ha reducido a menos de la mitad.
En la pro forma presupuestaria del 2009, que se anuncia ya está desactualizada, se contemplan únicamente 851 millones de dólares por gastos financieros, esto es pagos por intereses de deuda externa e interna (no se desglosa) y solo 470 millones de dólares para la amortización de la deuda externa.
El aumento del precio del petróleo ha permitido al Estado mantener su tren de gasto sin tener que recurrir al endeudamiento. La deuda tiene la incidencia más baja en las finanzas fiscales desde el año 1976.
La pro forma contempla tomar prestado internamente 2.200 millones de dólares, y cerca de 1.000 millones de dólares de fuentes externas, incluyendo financiamiento multilateral excepcional. El país retoma el sendero de incrementar su dependencia en acreedores internacionales, lo cual no parece muy conveniente cuando los ingresos fiscales son tan elevados.
Ante la crítica de que el presupuesto es vulnerable a una caída en el precio del petróleo, la ministra Salgado contesta que hoy en día pedir prestado 1.000 millones de dólares al mercado internacional no representa ningún problema. Se mantendrá la ambiciosa agenda de inversión pública recurriendo a crédito externo de ser necesario.
Pero el costo del endeudamiento externo está ligado a lo que los acreedores estiman es el riesgo que tiene prestarle al país. Las declaraciones del Presidente incrementan ese riesgo. El sábado 6 declaró que “no vamos a dejar de invertir en lo social”, y que “el rato que no haya recursos suspendemos el pago de la deuda”.
Los acreedores requieren un rendimiento más alto mientras más riesgoso es el crédito. Con sus declaraciones, el Presidente está encareciendo el costo que tendrá para el país el crédito, de necesitarlo.
La caída en el precio del petróleo que ocasionaría la necesidad de endeudamiento, es precisamente la misma causa para que el país no esté en capacidad de servir la deuda, y entre en moratoria.
La declaración, a decir lo menos, es imprudente.
El acceso del país al endeudamiento externo se podría ver asimismo en peligro por el informe de la comisión que estudia la legitimidad de la deuda, cuyo plazo de presentación inicial se lo prorrogó para estos días. El asesor argentino del presidente Correa al respecto, Alejandro Olmos, revela que el presidente Correa le manifestó “su compromiso de impugnar los contratos en Estados Unidos en aquellos puntos en que puedan ser materia de impugnación”. Se va a argumentar que los acreedores violaron la legislación de Estados Unidos.
Nos enrumbamos a un enfrentamiento en los tribunales con los acreedores. No son las circunstancias más propicias para contemplar recurrir a los mercados financieros para cubrir un déficit fiscal.