Hace 50 años, la visionaria acción del doctor Eduardo Carrión Toral logró la apertura de aquel centro que semanalmente recibió a centenares de guayaquileños y turistas de otros lares, ávidos de sana distracción.
Los tradicionales guinguilingongos, columpios y carruseles acompañados de otros juegos y espacios recreativos como el ferrocarril en miniatura, pistas de bicicletas y autos para niños, espejos mágicos, piscinas para menores y adultos, zoológico, restaurantes, biblioteca infantil, música ambiental en todas las áreas, caballitos pony, concha acústica para presentación de artistas, etcétera, formaron parte de aquel mundo mágico que puso a la disposición de Guayaquil el doctor Eduardo Carrión Toral (1908-1990), cuando inauguró el parque de distracciones Bim Bam Bum en el km 4½ de la carretera a Playas, balneario de los más cercanos a la creciente metrópoli.
El sábado 9 de agosto de 1958 se abrió el centro que fue otro referente de la dinamia guayaquileña, similar al American Park. El Bim Bam Bum ocupó un amplio y acogedor predio natural, en medio de una vegetación propia de la zona y de otras especies cuidadosamente introducidas para complementar la belleza del paisaje.
Hacia allá, en especial los sábados y domingos de cada semana, se dirigían incontables familias del Puerto Principal, parientes llegados desde otros lugares del país e incluso del exterior, para gozar de esas instalaciones en las que los niños tenían la preferencia, según los propósitos del mentalizador de la obra.
No faltó allí un restaurante en el que los visitantes podían saborear platos criollos y otras populares preparaciones, como los muchines, carne en palito, canguil, helados, algodón de azúcar, hot-dog y pollo asado. El ‘comedero criollo’ ofrecía únicamente platos nativos, y el restaurante Rodrigo’s daba más opciones a los clientes eventuales o asiduos.
El día de la apertura oficial del Bim Bam Bum asistieron autoridades provinciales y cantonales, a manera de respaldo al doctor Eduardo Carrión Toral, quien tras ingentes gastos y duros momentos materializó su cometido para servir a la comunidad. Diario EL UNIVERSO publicó algunos avisos que invitaban a la inauguración y desde entonces, por varios años, sus páginas incluyeron las novedosas promociones del parque durante los fines de semana o por fiestas cívicas y más celebraciones especiales. Quienes no tenían transporte propio iban a la Plaza del Centenario para tomar los buses que cobraban 60 centavos el pasaje; el ingreso costaba un sucre (niños) y dos sucres (adultos).
César Antonio Mosquera Corral, arzobispo de Guayaquil, bendijo el complejo. El nombre de Bim Bam Bum lo sugirió Victoria Puig de Lange, residente en Chile.
El doctor Carrión nombró padrino del parque al connotado empresario Rodolfo Baquerizo Moreno, gestor del American Park, quien no pudo asistir al acto de apertura por enfermedad.
En su discurso, el creador de la obra agradeció al Banco La Previsora, Comité de Vialidad del Guayas, arquitectos Fausto Cuesta y Rafael Rivas, ingenieros Arturo Cepeda y Antonio Rossi Ríos, y escultor Alfredo Palacio, que realizó el busto de Emilio Estrada, develado en el mirador del parque.
Además resaltó el aporte del mecánico Heriberto Villena, sus amigos Gustavo Zevallos Salame y Oswaldo Rodríguez, y más personajes e instituciones que desde que compró el paraje (1949), ideó la obra y comenzó la construcción (diciembre de 1957), le dieron el respaldo económico y lo animaron en su cometido.
El Bim Bam Bum fue el sitio que incontables pequeños y adultos añoraban disfrutar y, asimismo, el que cuando recibió a sus visitantes les regaló horas de inmenso regocijo con el marco de la naturaleza.
Lamentablemente desapareció al igual que sus similares antecesores American Park y La Macarena, y otros donde armonizaron la laboriosidad y alegría tan característica de nuestra ciudad y su gente.