Domingo 14 de septiembre del 2008 Religiosa y Obituarios

La Narcisa noboleña

POR Torffe Quintero Touma

Dos son las historias que se cuentan en la cinta  Niña Narcisa, del cineasta ecuatoriano César Carmigniani. Una es la de la beata Narcisa de Jesús, de sus fieles, sus milagros y su vida. La otra está contada a través de una espectacular fotografía del río, sus habitantes, sus costumbres, su forma de vida. Con puestas de sol y anocheceres tan costeños que convierten a esta cinta en la construcción de dos historias dignas de verse. En la primera se respira el silencio,  meditación y  entrega de la próxima Santa ecuatoriana a Dios. En la segunda se estructura una atmósfera de paz que sirve de conexión con la narración central. Las actuaciones son coherentes y creíbles, pero no obtendrán el título de excelentes. Mención aparte se lleva Antonio Santos. Su hablar pausado, quizá herencia de su paso por la radionovela y el teatro, le otorgan solidez  a su personaje. Bernardo Menéndez y Alfonsina Solines logran  caracterizaciones con altura y distinción. Niña Narcisa no destaca en sus papeles principales sino en los secundarios. Acertadísima la inclusión del folclorista Guido Garay.

¿Quién mejor que él para destacar el uso de un amorfino?, su breve presencia reviste de tradición al  filme. El folclore montubio está muy bien retratado. Francisca Garcés demuestra madera pero necesita profundización en su caracterización de la pequeña Narcisa, se limita a cumplir sus parlamentos pero su actuación es casi inexistente; y Sofía Behr logra una personificación correcta de la Narcisa adulta pero sin mayor trascendencia. No se conecta con el espectador, pese a que los planos más usados por la cámara son los acercamientos al  rostro. Clara muestra de que un buen recurso puede volverse en contra cuando se manosea. La sensación final en este aspecto deja el sabor de “falta de creatividad cinematográfica”  en la cinta. La narración tiene un avance muy lento, pero observar la cinta con la claridad de la idea intencional de mostrar la contemplación al personaje de Narcisa de Jesús, valida el recurso.  Finalmente el trabajo de escenografía, ambientación y vestuario se lleva más de un aplauso. Ellos son el marco de la excelente fotografía que hará memorable esta cinta, más allá del valor testimonial e histórico que lleva impreso.
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