Cuando Ewa Rachwal visita en casa a uno de sus 150 clientes, la reciben más como una amiga que no han visto en mucho tiempo que como alguien que acude a recoger el interés semanal de un préstamo.
Rachwal es una de los más de 28.000 agentes autónomos de la compañía británica International Personal Finance, que funge como prestamista a habitantes de Europa Central y Oriental con recursos modestos y poco o ningún acceso a la banca convencional. La compañía prospera en un contexto de caos en el mercado global del crédito que ha redundado en pérdidas y depreciaciones colosales para numerosos prestamistas.
Si bien la deuda puede constituir un concepto desagradable en Estados Unidos y Europa Occidental, luce atractiva para habitantes de Europa Oriental, que apenas incursionan en la economía de mercado y anhelan una vida mejor.
IPF ha hallado la forma de explotar ese mercado “a la antigüita”, al conceder crédito cara a cara y monitorear personalmente a sus clientes.
Sus agentes visitan a los clientes en su casa con el fin de tener una mejor idea de su solvencia, antes de ofrecerles pequeños préstamos en efectivo, unos 500 dólares en promedio, para costear desde lavadoras hasta vacaciones familiares.
Los intereses percibidos por IPF, de alrededor de 20%, le valieron críticas de grupos de consumidores y reguladores, pero la compañía insiste en que éstos son necesarios para cubrir los gastos del servicio a domicilio, así como sus propios riesgos. Este año, las ganancias de IPF se incrementaron 40% y sus acciones, cotizadas en la Bolsa de Londres, han ganado 52% en valor.
Christopher Rodrigues, presidente del consejo ejecutivo de IPF, reconoció que su compañía no era inmune a las dificultades económicas que aquejan a otras instituciones bancarias, pero que evite los modelos financieros complejos y la cercanía de su contacto con sus casi 2 millones de clientes ayudan a minimizar sus riesgos.
Balazs Pap, director de IPF en Polonia, indicó que el enfoque de negocios iba más allá de las verificaciones de historial crediticio computacionales a las que recurren los bancos más grandes. “Si alguien te dice por teléfono que tiene sólo un hijo y luego llegas a su casa y ves tres pares de zapatos de diferentes tallas”, el agente sabe que algo anda mal.
IPF, que también opera en la República Checa, Rumania, Eslovaquia, Hungría y México, planea extenderse a Rusia, Ucrania e India.
A medida que las economías crecen, los consumidores ganan más dinero y se muestran deseosos de pedir prestadas cantidades más elevadas.
Hanna Krzysiewska-Rybinska, nutrióloga empleada por un hospital que vive con su esposo y la madre de 90 años de éste, relató que necesitaba fondos para ayudar a su hijo taxista a comprar un carro nuevo.
Pidió prestados 5.000 zlotys polacos (2.225 dólares) por dos años. Ahora tiene que reembolsar 95 zlotys (42 dólares) por semana, lo que significa que, de aquí a dos años, habrá reembolsado 9 mil 880 zlotys (4.396 dólares).
“Con el banco, tengo que pagar en una fecha fija. Aquí, tengo flexibilidad”, agregó.