Un amigo describió al candidato como un “reformador infatigable que hará una limpieza en Washington”. Su rival derrotado dijo de él que iba a la capital a “drenar el pantano”. Su compañera de fórmula definió la misión que tienen como “cambio, el objetivo que compartimos”. Y todo ello ocurrió en la convención partidaria correspondiente.
Después de observar los dos cónclaves políticos recientes, sería fácil confundirse con cuál era en realidad la reunión de la oposición. Al aceptar la candidatura republicana para presidente, el senador John McCain y sus seguidores llamaron a los insurgentes que quieren derrocar el establishment pese a que su partido está al frente de éste.
Tuvo que ver con la naturaleza de McCain, y en parte también fue cálculo político. Además fue respuesta a la historia. Por primera vez desde 1952, el partido que ocupa la Casa Blanca ha designado a alguien que no es el presidente o el vicepresidente en funciones, alguien sin un interés en la continuidad, y en un momento en que al partido le cuesta defender su historial.
El esfuerzo de posicionar a Mc- Cain y a los republicanos como los verdaderos agentes del cambio se vio beneficiado con la elección de la gobernadora Sarah Palin de Alaska como compañera de fórmula.
Conocida por dirigir el partido de su propio estado contra la corrupción y el despilfarro, Palin proyecta la imagen de estar lo más lejos de Washington que se puede, literalmente a más de 4.500 kilómetros.
Y sería la primera mujer vicepresidenta. Pero en términos de historia, es más fácil gobernar como partido de la oposición siendo realmente el partido de la oposición.
“Cuando el presidente de Estados Unidos es del mismo partido, presentarse como un agente del cambio no es lo más fácil de conseguir”, dijo Joe Trippi, estratega demócrata. Refiriéndose al senador Barack Obama, el candidato demócrata, Trippi agregó, “Lo único que debe hacer Obama es decir, ‘Bush- McCain, Bush-McCain”.
No fue ese, por cierto, un canto que se haya hecho oír durante la convención republicana en el Xcel Energy Center. Bush canceló su viaje a esta localidad para supervisar la respuesta al huracán Gustav y se dirigió a los delegados por video, antes de que los canales de televisión comenzaran su cobertura.
Una vez que su imagen desapareció de la pantalla, ninguno de los oradores de la carpa mencionó, durante el resto de la convención, su nombre.
Los republicanos dijeron que McCain no tenía muchas opciones. Para “todo candidato, independientemente de que sea del partido o rival”, dijo Sara Taylor, ex directora política de la Casa Blanca con Bush, “una de las misiones fundamentales es mostrarse como agente del cambio, y John McCain está muy bien equipado con una larga experiencia de inconformista para hacerlo”.
Y es cierto que aun los vicepresidentes que se presentan cuando presidentes populares abandonan sus cargos han tenido que trabajar para establecer sus identidades personales. “Las convenciones tienen que ver siempre con los siguientes cuatro años, no con los últimos cuatro u ocho”, dijo Ron Kaufman, que fue colaborador de primer nivel del primer presidente Bush. “Esté o no el partido en el poder, la pregunta es: ‘¿Qué vas a hacer por mí durante los próximos cuatro años’?”.
De todas maneras, si bien Bush padre quiso salir de la sombra de Ronald Reagan en 1988 y Al Gore trató de distanciarse de los escándalos de Bill Clinton en 2000, ambos usaron sus discursos de aceptación para elogiar la trayectoria de sus administraciones.
Cuando la convención estaba a punto de comenzar aquí, McCain parecía casi un orador en una manifestación de Obama. “Les prometo, si están hartos de cómo se maneja Washington, que sólo tienen que ser pacientes y esperar un par de meses más”, dijo a los seguidores en O’Fallon, Missouri. “¡Ya llega el cambio!” McCain ha sido un fuerte seguidor de Bush.
Desde la campaña de Obama señalan que no piensan ceder el argumento del cambio a través de otra publicidad que lo muestra con Bush y destaca como conclusión: “No podemos permitirnos cuatro años más de lo mismo”.