Con la primera entrega de una trilogía acerca del exilio, escrita por Arístides Vargas, que completan Nuestra Señora de las Nubes y Donde el viento hace buñuelos, el colectivo español Albanta Teatro, dirigido por Pepe Bablé, presentó en Guayaquil, en el marco del Festival de Artes Escénicas, Flores arrancadas de la niebla.
La pieza no fue publicada ni estrenada por Malayerba. De hecho, cuenta Vargas, se trató de su primer ejercicio dramatúrgico realizado hace quince años acerca del tema que cruza casi toda su producción: el exilio y los modos en que sus personajes asumen el destierro y la memoria.
Por lo cual, Flores arrancadas de la niebla esboza lo que Nuestra Señora de las Nubes y Donde el viento hace buñuelos profundizan de modo integrador. De allí, la reiteración de motivos que, además de la preferencia del autor con el tema, propone el espectáculo.
La obra desarrolla el encuentro de Raquel y Aída (Charo Sabio y Ángeles Rodríguez) en una estación de tren.
Pero este lugar, anclado en espacio y tiempo indefinido, sirve tan solo como una coordenada que establece el exilio de los personajes. Juntas serán atravesadas por múltiples remembranzas y situaciones que componen los contornos de un viaje a lo desconocido. Aída, fotógrafa; Raquel, especialista en botánica. En ese camino a lo incierto, ambas, con sus respectivos pasados en sus valijas, son modificadas. Esta rotación de los personajes produce múltiples juegos de lenguaje que se ligan al humor y a la dramática condición de los exiliados. La versión de Flores arrancadas... cuenta con mínimos elementos en escena, y un espacio delimitado por palabras escritas en el piso del escenario, a modo de estaciones en los relatos de las protagonistas. Sin embargo, el texto subyace como elemento predominante de la teatralidad, no tanto por los matices que incorporan los intérpretes o la puesta, sino por la predominancia de la palabra en sí. Y ese desequilibrado diálogo entre la interpretación y el texto es uno de los aspectos que el espectáculo más resiente.