Jueves 11 de septiembre del 2008 Cultura

Un redescubrimiento de Brecht

Rodrigo Ponce

Crítica de teatro

http://src.eluniverso.com/2008/09/11/0001/262/files/09-11-08-c03-032500.jpg

Un momento de la puesta en escena de El viejo truco del círculo de tiza.

“Le rogamos no encontrar natural lo que sucede comúnmente. Que nada sea considerado natural en estos tiempos de confusión sangrienta, de desorden organizado, de arbitrio planificado, de humanidad deshumanizada. No consideren todo esto como natural para que nada de eso se pueda considerar inmodificable”,  decía Bertolt Brecht.

Y este sorprenderse de la realidad es lo que pudimos encontrar en la puesta en escena de  El viejo truco del círculo de tiza, una producción  conjunta de Muégano Teatro y Arawa, bajo la dirección de Santiago Roldós, que se estrenó en el Festival de Artes Escénicas de Guayaquil.  

Estas dos agrupaciones, diferentes pero coincidentes en ciertos intereses, hallaron en su encuentro la renovación de sus motivaciones teatrales. Se eligió  El círculo de tiza caucasiano  luego de grandes deliberaciones y se enfrentó el reto de montar un clásico.

Una puesta en escena “clásica”: traspaso de lo que está en el libro a la escena según el convencionalismo de lo que se conoce o cree que es “Brecht”, significaba un suicido, no de taquilla, sino artístico-existencial.  Había que apropiarse del texto, es decir manejarlo como propio. Para esto, contaban con un colectivo comprometido con las tablas, de alrededor de 9 artistas, de dos generaciones (incluso coincidieron en la escena un papá con su hija) y el apoyo de dos instituciones: el ITAE y la Universidad de Guayaquil.

Pero, sobre todo, contaban con el juego, tal como lo quería Bertolt, como una herramienta clave para el  proceso creativo. Y el resultado, después de más de un año de trabajo (contrariamente a la rapidez mercantilista de la producción escénica actual), es una asombrosa dinámica en el escenario que introduce al público en su propia realidad, llevándolo al extrañamiento, al distanciarse y nuevamente al identificarse, dentro de la percepción simultánea del hecho.

Este montaje redescubre la teatralidad del dramaturgo alemán y aporta a la búsqueda artística de las agrupaciones. Arístides Vargas les dice: “Si no dijeran que es Brecht, parecería una obra de ustedes”.

Es que la  obra resultó no solo un excelente trabajo teatral, sino  un acierto político, donde lo importante fueron las conexiones entre las motivaciones esenciales del creador alemán que vivió las dos guerras mundiales y la actual sociedad ecuatoriana, específicamente la de Guayaquil: ciudad de mis amores de la cual pocos se atreven a hablar más allá de folclóricos discursos y pocas disciplinas lo saben hacer a profundidad como el teatro. 

BREVES

HOY

En el Festival   de Guayaquil hoy participa el Teatro del Cronopio, con la obra  Noche rifamuerte, sainete para noctámbulos.  La función es a las 21:00, en la Alianza Francesa  (Hurtado y José Mascote). Entrada, $ 10.
Cultura

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.