A los niños en general, si tienen un entorno cordial, les resulta relativamente fácil reconocer sus errores. Ximena es buena alumna, acaba de perder un diente lo que indica que se encamina normalmente hacia los 7 años. Pero está muy presionada por obtener buenas notas. Cuando sacó 16/20 en un dictado, le colocó encima con lápiz 20/20. Hablamos. Le dije que la nota no es lo más importante pero que cambiarlas es engañarse a sí misma y querer engañar a su profesora y a su mamá. Así que había que pedir disculpas. Aceptó de muy buen grado. Al otro día estaba dispuesta a excusarse ante su maestra y a decirles a todos sus compañeros que eso no se debe hacer. No creo que vuelva a repetir esa equivocación.
El ecuatoriano tiene una cualidad que casi todos señalan como su característica esencial: su cordialidad, su espíritu hospitalario. A otros pueblos le señalan su emprendimiento, su capacidad de trabajo, su espiritualidad; a los ecuatorianos los define su capacidad de relacionarse y de estar atentos a las necesidades de los demás. El deseo de agradar y de hacer sentir bien a los otros, es una característica colectiva.
Por eso es tan grave la multiplicidad de epítetos, de etiquetas, de insultos que en los últimos meses y de manera más pronunciada los últimos días nos agobian al querer escuchar o saber algo del acontecer nacional. No se trata de algo superficial, pues ataca al ser profundo de este país, hiere, mata su cultura, su modo de ser. No solo se mata con balas, con hambre, también se lo puede hacer con insultos, epítetos. No es algo que se puede pasar por alto.
Me llama la atención cómo personas ampliamente comprometidas con los demás, luchadores convencidos por la justicia y la equidad, justifican esa manera de ser y de hacer, bajo el pretexto que eso es lo que le gusta y entiende el pueblo. Con eso reconocemos el carácter pedagógico que tienen las actitudes de los dirigentes y los líderes y el efecto multiplicador de sus dichos y acciones.
Me desorienta también, que en época de elecciones no reconozcamos la verdad de lo que hacemos, que se la camufle con justificaciones que no tienen asidero. Una parte de la Iglesia sostiene que no está haciendo campaña por el No cuando invita a sus fieles a misas masivas por la paz, la vida y la familia... Y el Gobierno dice que no hace campaña por el Sí cuando nos inunda con propaganda con las obras hechas, prometidas o en camino. Y nos recuerda lo que nos va a dar o quitar según los resultados del referéndum. Aun en medio de las eliminatorias mundialistas tenemos que leer las viñetas que nos hablan de la bonanza en que vivimos.
Jesús nos dice que lo que nos descalifica es lo que decimos, pues esto sale del corazón, de muy dentro de nosotros mismos y muestra quien de verdad somos. -Mateo 15:11.
El lenguaje es un testigo de la degradación de ciertos aspectos de la vida personal y ciudadana, pero también es instrumento de esperanza. Si sabemos, como Ximena, reconocer errores y expresarlo, si logramos con él construir carreteras y puentes que nos acerquen como seres humanos y edificar el país uno y diverso en el que caben todos.
Es imposible reformar las estructuras sociales y económicas sin también cambiar el ser interior. Van de la mano, se necesitan como la tierra al agua y al sol.