- SEP. 10, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Cuando alguien envejece, muchas veces gana experiencia, pero no necesariamente sabiduría. En este caso, MTV no sale de la menopausia. El pasado domingo celebraron la edición número 25 de los Video Music Awards (VMA), ceremonia de premiación que cada año entrega las clásicas estatuillas del astronáutico hombre lunar a los mejores videos musicales.
Lejos de aquel evento cultural que paralizaba al mundo entero con una exhibición musical semiglobalizada, esta entrega de premios ha entrado en una decadencia prolongada que solo se compara al estancamiento de la cadena. Un canal que no solo pierde a la generación que ayudó a crear, sino que se aleja del vanguardismo que lo caracterizaba.
En esta ocasión intentaron recoger a su más reciente alicaída diva del pop, Britney Spears, entregándole tres premios. Los VMA incluyeron a presentadores irreconocibles y actos musicales sin mayor resonancia, transmitiendo desde los Paramount Studios en Los Ángeles. Desgraciadamente, ofrecieron un concepto arraigado en Hollywood y el cine, el cual debió ser usado para su ceremonia aparentada, los MTV Movie Awards.
Esta premiación parecía un reo que camina a paso lento hacia la ejecución, con una producción sin mayores errores, pero sin aquel efecto “wow” para sorprender. Unos premios donde se han olvidado premiar el arte del video y la música en sí. Yo por mi parte me quedo con los premios TC a la música.