- SEP. 10, 2008 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
El amor de Dios me consuela.
Consuelo
El modo más natural y afectuoso en que un padre responde a un niño que está alterado emocionalmente o que sufre dolor corporal es consolarlo. Masajear un músculo adolorido o poner una venda en una cortada alivia la incomodidad física. Una palabra amable o un abrazo alivia las heridas emocionales y ayuda a desvanecer las perturbaciones.
Sin importar lo acontecido en mi vida, acudo al amor de Dios en mí y recibo consuelo. También siento Su amor cuando otros me consuelan. Un amigo escucha compasivamente o un familiar me recibe con los brazos abiertos. Disfruto del amor de Dios que se expresa en el mundo. Cuando soy llamado a consolar, lo hago. Mis palabras y acciones fluyen de Su amor en mí para envolverlos a ellos.
–Isaías 66:13
“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros”.