En el primer paso de un ambicioso proyecto para comprender los misterios del
universo, la Organización Europea de Investigación Nuclear completó el miércoles
con éxito la primera prueba del mayor acelerador de partículas en la historia de
la ciencia.
Después de lanzar un haz de protones por un túnel circular de 27 kilómetros
(17 millas) a velocidades inconcebibles, dos luces blancas titilaron en la
pantalla de una computadora a las 10:36 (08:36 GMT), indicando que los protones
habían completado el recorrido por el enorme dispositivo de 3.800 millones de
dólares.
¡Allí está!, dijo el líder del proyecto cuando el haz completó la vuelta.
Poco después, un segundo haz recorrió el túnel en sentido antihorario.
Numerosos científicos se sumaron a la celebración, brindando con champaña en
otros laboratorios de todo el mundo incluyendo el Fermilab de Chicago, donde se
siguió atentamente el procedimiento por televisión vía satélite. Los físicos
cuentan ahora con mucha mayor potencia para hacer chocar las partículas entre sí
en un intento por determinar su composición.
¡Muy bien a todos!, saludó Robert Aymar, director general de la organización
llamada CERN por sus siglas en francés, y le respondieron con entusiasmo los
científicos y técnicos en el centro de control del complejo de laboratorios en
la frontera franco-suiza.
CERN había empezado a disparar los protones -una partícula subatómica-por
etapas una hora antes.
Ahora que el haz de protones recorrió exitosamente el enorme círculo en
direcciones horaria y antihoraria, CERN planea disparar dos haces en sentidos
opuestos para tratar de recrear las condiciones existentes una fracción
infinitesimal después de la Explosión Primordial que según los científicos creó
el universo, el tiempo y el espacio.
El descrito como el más grande experimento de la historia se produce pese a
las objeciones de algunos escépticos que temen que las colisiones de protones
pongan en peligro el planeta.
Respaldo
Los escépticos conjeturan que los choques de
partículas podrían crear miniagujeros negros, versiones subatómicas de las
estrellas masivas agotadas cuya gravedad es tan intensa que puede succionar todo
lo que encuentra a su paso y ni siquiera deja salir la luz.
Es insensato, comentó James Gillies, vocero del CERN, antes de la prueba del
miércoles. CERN tiene el respaldo de científicos prominentes como el británico
Stephen Hawking para tranquilizar a los preocupados.
Gillies dijo que lo más peligroso que podría ocurrir sería que un rayo a
plena potencia se descontrolara, y que eso solamente dañaría al acelerador y
horadaría las rocas que circundan el túnel.
Nada de eso ocurrió el miércoles, aunque todavía falta como un año antes de
que el dispositivo funcione a toda potencia.
El miércoles empezamos de a poco, explicó Gillies.
El proyecto organizado por las 20 naciones del CERN ha atraído a
investigadores de 80 naciones. Unos 1.200 son de Estados Unidos, país observador
que contribuyó con 531 millones de dólares. Japón, otro observador, es también
un gran contribuyente.
El aparato está diseñado para acelerar los protones a casi la velocidad de la
luz, lo que le permitirá dar 11.000 vueltas por segundo alrededor del inmenso
túnel.
Durante décadas se han utilizado aceleradores más pequeños para estudiar la
composición del átomo. Menos de cien años atrás los científicos creían que los
protones y neutrones eran los componentes más pequeños del núcleo atómico, pero
desde entonces se ha comprobado que están compuestos por partículas más
diminutas como quarks y gluones y que hay otras fuerzas y partículas.
Los experimentos del CERN podrían revelar más sobre la materia oscura,
la antimateria y posiblemente dimensiones ocultas del espacio y el tiempo.
También podría hallar evidencia de una partícula hipotética -el bosón Higgs- que
se cree otorga masa a otras partículas.
Algunos científicos han esperado veinte años para usar el nuevo
acelerador.