martes 09 de septiembre del 2008 Columnistas

El obispo Proaño y la Constitución

Días pasados, en el antiguo Hospital San Juan de Dios, ahora convertido en Museo de la Ciudad y con la presencia del Alcalde de Quito y el Obispo de Riobamba, se rindió un gran homenaje a la memoria del obispo Leonidas Proaño, por los veinte años de su muerte. Además, se abrió la exposición: Taita Leonidas: el valor de la palabra, con documentos y publicaciones del obispo y del abundante material relacionado con su vida y obra.

Dio el discurso de fondo el presbítero Estuardo Gallegos, discípulo de monseñor Proaño. Refiriéndose a las ideas esenciales del religioso, dijo: “Era un hombre de fe, tenía ideas muy claras extraídas del Evangelio, al que tomaba en serio de forma valiente cargando con las consecuencias. Tal era la raíz de la que surge su vida cotidiana y las acciones en los momentos decisivos”. Añadió: “Monseñor Proaño creyó en el Dios de los pobres. Ellos son el camino para creer en Dios, y ellos fueron sus maestros en la fe, él mismo confiesa que fue evangelizado por los valores positivos que encontraba en ellos; en ‘los crucificados de la historia’, en especial en los indígenas”. Luego hizo reflexiones, que merecen citarse al provenir del más cercano colaborador del obispo: “Me pregunto: ¿Qué pensaría monseñor Proaño frente al desafío de la nueva Constitución? No cabe duda que primero habría interpelado a varias acciones pastorales de corte capitalista que se realizan en la Iglesia, a una clerecía sin identidad y bajo la dirección de fuerzas pro capitalistas, que quieren recuperar el poder de la cristiandad a toda costa bajo el eufemismo de que es una ‘Obra de Dios’.

“Me imagino que diría que este proyecto popular de nueva Constitución debiera recoger y potenciar lo mejor del hombre ecuatoriano, de su herencia cultural y de sus valores religiosos y que la Iglesia, para humanizar este proceso, debe acompañar al pueblo, estar presente, no desentenderse de él o juzgarlo desde fuera rehuyendo lo más difícil: el acompañamiento a los cristianos políticamente comprometidos.

Monseñor Proaño habría pensado, sin ambigüedades, que la Iglesia desde su especificidad, debe acompañar el proceso, como una fuerza evangélica que se transforma directamente en fuerza social e indirectamente en fuerza política. Sin esa presencia en el actual proceso político ecuatoriano la Iglesia simplemente dejaría de ser Iglesia cristiana, la Iglesia de Jesús, la Iglesia que cree en el Dios actuante en la historia.

“Por ello existe el liderazgo de monseñor Leonidas Proaño, un hombre tan religioso, tan espiritual, tan seguidor de Jesús y del pueblo; por eso él pudo renovar la vida de la Iglesia y orientar al país en el camino de su liberación”.

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