Los organizadores de la cita escénica manabita recuerdan, con humor, lo que ha significado asumir este reto.
En los últimos 21 años se derrumbó el muro de Berlín que era el símbolo que dividía la Europa comunista de la capitalista, se desintegró la Unión Soviética para dar paso a nuevas naciones y las computadoras se hicieron un artefacto popular.
Y en ese mismo periodo en la ciudad de Manta, en Manabí, las luces se encendieron cada uno de esos años en el teatro universitario Chushig para la presentación de obras de teatro escenificadas por grupos provenientes de unos 30 países de América, Europa y Asia.
Las anécdotas en más de dos décadas son múltiples y tienen como principales protagonistas a los organizadores de este Festival Internacional de Teatro de Manta, el más antiguo que se realiza en el país. Los integrantes del grupo La Trinchera se dieron la tarea de iniciar el encuentro de índole internacional en 1988 cuando se realizó la primera edición, que contó con la participación de teatreros provenientes de Brasil, Argentina, Alemania y Cuba junto con los grupos nacionales.
Contaban con una máquina de escribir manual de marca Olimpia que a Nixon García, director actual de la actividad, le recordaba los tanques de guerra soviéticos y alemanes. Había falencias. Al menos a Manta no llegaba internet y en el teatro no se contaba con línea telefónica ni fax.
García usaba el teléfono existente en la oficina del rectorado de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (Uleam), que hasta ahora se mantiene como uno de los principales auspiciantes del festival. Y acudía al entonces llamado Ietel para enviar las invitaciones oficiales a los grupos del extranjero a través de telegramas. “Debíamos esperar dos días para recibir una respuesta al pedido”, recuerda García.
Aunque el inglés es el idioma más comercial, en ocasiones se contrataron intérpretes sobre todo para que las conversaciones con dramaturgos y teatreros rusos que vinieron en una de las ediciones fueran más fluidas.
Rocío Reyes fue otra de las precursoras como parte del grupo teatral La Trinchera. Ella resalta algo que se convirtió en una característica y que consistía en la relación fuera del tablado que se daba entre los integrantes de los grupos extranjeros y los nacionales en distintos escenarios de Manta.
Algo casi ya perdido debido a que desde el 2002 los visitantes extranjeros tienen presentaciones en Guayaquil y Quito, a más de Manta, como parte de la Red Ecuatoriana de Festivales Internacionales de Teatro. Aunque también recuerda que algunos de los invitados llegan con excentricidades, principalmente “grupos de Europa que tienen otras posibilidades y exigen atención especial”.
El éxito radica en traer dramaturgos y actores teatrales que presenten obras de calidad y a la vez estén dispuestos a compartir con los integrantes del resto de grupos que quizá tienen menos experiencia o son menos reconocidos. “Buscamos artistas, no personas con dotes de estrella”, refiere Reyes.
Maletas con el vestuario que llegaban sobre la hora de la función por presentarse o requerimientos de escenografía como el que hizo un grupo alemán que pidió hielo seco, son parte del anecdotario. “Por la gran cantidad que era tuvimos que traer de Guayaquil, pero resulta que en el camino se hizo agua y debimos buscar otras opciones, porque era un elemento importante”, comenta García.
APRIETOS
La falta de dinero puso en riesgo la edición de 1993 del Festival de Manta, debido a que el Banco Central suspendió, a último momento, la asignación monetaria que le brindaba. Pero la Uleam suplió el déficit.