En mayo pasado Pastaza fue declarada la primera provincia libre de analfabetismo.
Andrea Sharup, indígena shuar de 65 años, de la comunidad de Chapints, ubicada a 40 minutos de vuelo desde Shell, aún no puede creer que a su edad y condición social haya aprendido a leer y escribir.
Sin dominar perfectamente el español, esta humilde mujer pudo leer un texto de 80 palabras sin tartamudear y en su propio idioma dijo estar agradecida a los maestros cubanos por la paciencia y el tiempo que le dedicaron.
Sharup es un ejemplo de los cientos de indígenas que habitan en la selva sin haber ingresado a una escuela y que aprendieron a leer con el programa cubano Yo sí puedo del Instituto Pedagógico Latinoamericano del Caribe (Iplac), que se inició hace tres años con apoyo del Municipio de Pastaza y del Consejo Provincial.
Otras provincias que también quieren formar parte de este logro son: Manabí, Tungurahua, El Oro, Chimborazo, Azuay y Esmeraldas.
En Manabí, en el cantón Santa Ana, hasta el 2005, el 19% de los más de 46 mil habitantes era analfabeto, mientras que el 80% de la población era analfabeta funcional, es decir no habían culminado la primaria.
Sin embargo, mediante la campaña Yo sí puedo, este cantón manabita obtuvo el calificativo cantón libre de analfabetismo que otorga la Unesco a las ciudades cuyo nivel de analfabetismo es inferior al 3%.
Después de 18 meses llegó la declaración de Santa Ana como cantón libre de analfabetismo. El domingo 27 de abril de este año un representante de la Unesco avaló este triunfo.
En el cantón Machala, en la provincia de El Oro, la situación fue similar. Aunque en el 2006, según el Área Municipal de Alfabetización existían 5,4%, esta se redujo al menos del 2% en el 2008, siendo declarado como un cantón libre de analfabetismo por la Unesco.
En Azuay gracias a este mismo programa cantones como San Fernando, Sigsig, Girón, Santa Isabel, Oña y Camilo Ponce Enríquez han sido declarados libres de analfabetismo.
Beneficios en Gualaceo
Como la Madre Teresa de Calcuta conocen en Gualaceo, provincia del Azuay, a Amada León varios de sus vecinos y asesores de alfabetización, ya que esta mujer de 56 años de edad, quien se graduó hace tres meses en el curso Yo sí puedo, cuida en su casa a quince niños y adolescentes que no son suyos.
Hace doce años y cuando empezó a perder la vista, León dejó de trabajar como aparadora (cosedora de calzado) y una pareja de jóvenes esposos que se disponía a viajar a Estados Unidos sin documentos legales le pidió que se encargara del cuidado de sus dos hijos.
Ella aceptó, no solo como una forma de ganarse la vida, sino de hacer lo que más le gusta “cuidar de la gente y ayudarlos a superarse”, dice Caridad Bequer, asesora cubana que ayudó a esta y otras once personas a leer y escribir por tres meses.
Actualmente Amada, quien es madre soltera y lamenta el padecimiento coronario de su única hija, cuida también de otros catorce niños y adolescentes, cuyos padres también residen en Estados Unidos.
Esta fue una de las razones que la motivó a inscribirse en el programa de alfabetización Yo sí puedo del Iplac, que se realiza en quince cantones de esta provincia, a través de un convenio con el Gobierno Provincial del Azuay desde el año anterior.
En Azuay
Más de 3.000 mujeres, mayores de 15 años, pertenecientes a los sectores urbanos, urbano marginales y rurales de los cantones del Azuay participan en el programa de alfabetización Yo sí puedo.