Para ver Sicko, el último documental del realizador Michael Moore, uno tiene que olvidarse de esperarlo en las pantallas de los malls. Debemos proceder de manera oficialmente incorrecta y alquilar o comprar el DVD pirata. Me imagino la sonrisa maquiavélica de Mister Moore si supiera que en el Tercer Mundo podemos ver sus arrolladores y humorísticos ataques al establishment de su país solo de manera fraudulenta.
Al año de su estreno mundial, el filme podría resultar premonitorio. El país que vemos aquí está muy lejos de ser el imperio de sueños ilimitados que siempre se cumplirán, con el clásico final feliz al cual estamos acostumbrados, especialmente por lo que vemos hasta el cansancio en pantallas grandes y chicas. Moore destapa lo indecible: el régimen institucionalizado por las compañías de seguros de salud, donde muchos perjudicados ven sus vidas trastocadas, porque nadie asume los costos estratosféricos de la asistencia médica.
Para Moore esto es una tragedia nacional de proporciones demenciales. Por encima de todo se plasma la insensibilidad de las grandes multinacionales que jamás enfrentarán el desastre, porque los sufrimientos de la raza humana importan mucho menos que los miles de millones de dólares en juego. Sicko nos muestra también la contraparte: el sistema de seguro social estatal en países como Canadá, Inglaterra y Francia, donde las realidades son radicalmente diferentes a la de EE.UU. y donde los gobiernos impiden los crueles desbalances que enfoca el documental.
Los casos son más patéticos cuando vemos a un grupo de bomberos rescatistas que trabajaron en los escombros del World Trade Center en septiembre 11. Ellos ya no reciben ninguna ayuda por las enfermedades que desarrollaron como consecuencia de su abnegado trabajo. En el mejor estilo hollywoodense, Moore se los lleva a la base de Guantánamo en Cuba, donde acabamos de constatar las maravillosos servicios médicos que sí tienen los terroristas presos. Como nadie recibe a esta imprevista delegación, ellos acuden al Hospital de La Habana, donde los gringos constatan lo que jamás hubieran soñado: en Cuba sí existen el cuidado y la protección que nunca tuvieron en los hospitales de su propio país.
Mucho se ha criticado a Moore por un estilo periodístico que a veces parece abiertamente manipulativo o políticamente incorrecto. A veces el hombre parece pontificar sus verdades por encima de cualquier discrepancia. Pero sus documentales tienen la fuerza de aquellos eternos rebeldes que nunca soportarán vivir en silencio. Entonces sus voces serán más que valederas: son la última esperanza de lo que dice Tony Benn, el político británico en Sicko. "Las democracias solo existirán mientras exista un correcto balance social y donde el miedo de protestar tiene que ser erradicado”.