La lucha fue dura: casi dos meses de reposo en cama, con la sola opción de levantarse para ir al baño; exámenes médicos continuos y una incertidumbre constante. El embarazo de Alexandra, ahora de 39 años, fue complicado y de alto riesgo. “Pero valió la pena”, dice ella, porque admirar los primeros pasos de su bebé y verlo sonreír con sus travesuras superan cualquier susto del pasado.
Ella, profesional exitosa en busca de una estabilidad laboral y económica, decidió tener su primer hijo a los 37, aunque inicialmente había planificado concebirlo a los 30. “Lo fui aplazando porque siempre uno va aspirando a más cosas y quiere estar madura en lo personal y establecerse económicamente”, cuenta ella, quien enfrentó a las seis semanas una amenaza de aborto por un desprendimiento del embrión y luego, a los cinco meses, un cuadro de placenta previa.
Parte de las complicaciones fueron por su edad.
Desde hace una década, coinciden los especialistas consultados, la mujer ecuatoriana empezó a poner por delante su desarrollo profesional y postergó la llegada de su primer hijo. Optó por una planificación familiar que dé, además, estabilidad a su descendencia.
La decisión trae ventajas (encuentra a una mujer emocionalmente más preparada y estable), pero también implica ciertos riesgos para la madre y el niño.
El ginecólogo Guillermo Campuzano dice que la edad ideal para que una mujer se embarace fluctúa entre los 25 y 35 años, en cuyo lapso la gestación suele desarrollarse con normalidad siempre que se realicen los chequeos rutinarios.
Sin embargo, luego de los 35 la mujer que va a concebir por primera vez (los médicos la denominan una primigesta añosa) enfrenta riesgos más altos de desarrollar hipertensiones asociadas con el embarazo. El bebé, en cambio, tiene mayor probabilidad de malformaciones congénitas.
“Hay que tener los mismos cuidados y pesquisaje de cualquier otra paciente: ecografías, exámenes, prueba del doble y triple test que permiten alertarnos de la presencia sobre todo del síndrome de Down”, explica el médico.
La doctora Clemencia Ponce coincide con su criterio. Señala que aunque en cualquier época de la vida reproductiva se pueden presentar malformaciones en el bebé, conforme aumenta la edad de la madre se incrementa el riesgo. “Por eso a las mujeres, a partir de los 35 se les recomienda la ingesta de ácido fólico tres meses antes de embarazarse como prevención”.
La edad tiene su influencia en la gestación e implica el mismo riesgo, señala el médico Jaime Peñafiel, para las mujeres pasados los 35 años sean estas primerizas o no.
La clave está en los chequeos porque los exámenes de hoy permiten detectar a tiempo cualquier complicación de la madre o del niño durante la gestación.
Mamás más preparadas
Retrasar la edad y prepararse para tener el primer hijo no es un asunto nuevo, indica el ginecólogo Rodolfo Rodríguez Carrión. Los conceptos sobre maternidad han cambiado y sobre todo en países desarrollados se ha empezado a tener hijos después de los 38 años.
“Sí hay un poco más de riesgo para las malformaciones en niños, pero no se debe tener demasiado prejuicio. Antes era algo terrible. Lo importante es el buen control prenatal”, asegura él.
Los chequeos mensuales, las ecografías y los exámenes de sangre permiten saber el estado detallado del bebé (desde las arterias del corazón hasta sus extremidades) y saber si la placenta está madurando antes de tiempo.
En el país empieza a sentirse un poco más esta tendencia de tener hijos después de los 30, aunque al mismo tiempo se contrapone con un fenómeno social latente: los embarazos en adolescentes, que también implican riesgos.
Los especialistas consideran que a partir de los 25 la mujer está mejor preparada y puede sobrellevar mejor el hecho de convertirse en mamá. “Una mujer de 30 sabe lo que quiere, lo que va a tener y asume toda la responsabilidad de tener un hijo. Un adolescente no, a veces no recae en los cuidados que debe tener”, opina Peñafiel.
Alexandra piensa igual y por eso cree que, pese a las complicaciones que enfrentó, a su edad se siente realmente lista para la maternidad. “Estás en una etapa más madura y en lo personal uno ya no piensa en salir e ir a bailar, ya no extrañas eso porque quieres dedicarte a tu familia...”, cuenta ella.
La ventaja también radica en la planificación familiar, dice la doctora Ponce, y en querer establecer núcleos familiares sólidos. “Aquí en Guayaquil la mujer quiere graduarse, tener facilidades; está aumentando la edad de la gestación, a partir de los 30 o 32 años empiezan a planificar o a tener hijos”, indica Rodríguez Carrión.
La planificación no es lo único importante. Aun cuando la mujer no haya decidido embarazarse, debe someterse a los chequeos ginecológicos y a un papanicolaou anual. Es la forma de detectar enfermedades infecciosas, vaginales o pélvicas, que pueden representar un problema a la hora de querer concebir un bebé.
Creo que una está realmente preparada, está en una etapa más madura y en lo personal ya no piensas en salir e ir a bailar, ya no extrañas eso porque quieres dedicarte a tu familia y se vuelve una prioridad”.
Alexandra, 39 años.