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Edición del DOMINGO 7 de Septiembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Dr. José Guevara Aguirre. gallero con mandil
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Médico endocrinólogo,  máster en administración y gallero por tradición demuestra entusiasmo al hablar de sus proyectos, aficiones y satisfacciones en una vida marcada por el estudio y los gallos de pelea.

Aunque  su agenda es bastante copada y los teléfonos no paran de sonar en su consultorio particular, el doctor Guevara no pierde fácilmente el hilo de las conversaciones y en sus relatos no puede ocultar el goce que siente por su trabajo.

Es administrador y socio de International Laboratories Services Interlab S.A., laboratorio clínico con doce años de trayectoria en  Guayaquil, comenta que se integró al proyecto por invitación y la propuesta lo enganchó de inmediato, pues compartía la idea de formar un laboratorio con estrictos sistemas de control de calidad y que realice pruebas que hasta ese entonces solo se hacían en el extranjero.

El proyecto, que se inició con menos de 20 socios y dentro de 100 m², hoy se ha expandido a ocho locales en la urbe, uno en Portoviejo, más de 100 accionistas y promotor de la futura construcción de un hospital de 35.000 m² nombrado Interhospital. 

Con notable orgullo afirma que la compañía se preocupa por el desarrollo de los profesionales, porque “de nada sirve tener un buen equipo si no se tiene un buen personal y un exigente control de calidad”, asegura, así como confirma que  el margen de error que tiene el laboratorio es del 0,03%, incluidas las fallas tipográficas en los informes clínicos.

Enfatiza en la responsabilidad que se debe tener al emitir un examen, pues este refleja alrededor del 80% de las características del  estado de salud y en la mayoría de los casos es  imprescindible para diagnosticar, y no se equivoca porque si hurgamos en la memoria ¿qué doctor no pide que dejemos nuestra sangre o demás fluidos en un laboratorio clínico antes de escribir la receta?

“Realmente el laboratorio clínico es la base para la evidencia del diagnóstico, porque los médicos hacemos la valoración a base de una evidencia, tienes que ver una imagen para decir que se tiene un tumor, no basta con tocar;  graficarlo, desmenuzarlo y decir las características que tiene es mejor...”, reflexiona.

Él manifiesta el deseo de incluir a los  médicos de las ciudades donde se implemente el laboratorio, para que sean parte del  proceso, más que para que se sientan comprometidos, para que se sientan también dueños del negocio, “lo más injusto es que el médico sea el que más trabaja y el que menos gana, ahora todos participamos, es un proceso distributivo del gasto médico, que no se lo lleve todo el dueño, porque el trabajo es en conjunto”, expresa.

Cantos mañaneros
Después de muchas palabras que suenan a nombre científico de especie tropical, este médico viudo de 63 años comenta que el mejor escape de los problemas que implica ser  galeno y empresario, es compartir  con sus 9 nietos o con sus 2.000 aves de corral, entre gallos de pelea, gallina y pollitos.

Su día empieza a las cinco de la mañana con la visita a sus aves,   “con los gallos me divierto, entrenarlos y cuidarlos es todo un proceso, los visito temprano para llegar a las 10 en punto a mi consultorio”, dice con la emoción de un niño.

Tiene  100 gallos en proceso de entrenamiento y demuestra su saber, primero aclarando que la pelea de gallos está basada en preservar su vida, porque este animal en su naturaleza se mataría, incluso se los debe separar a los seis meses de nacidos, él compara a los gallos con un boxeador, porque se lo entrena y se establecen bases para que la pelea sea justa, con gallos del mismo peso y edad.

Esta afición nace de  forma ancestral, “mi abuelo, en su época,   se sintió atraído por los gallos de pelea que traían los españoles”, comenta con aires de nostalgia por su antepasado. Así como reafirma,  que esta actividad es común en la Costa ecuatoriana, sobre todo en los sectores rurales, “en cada pueblo hay al menos una gallera, en cada recinto,  porque esta es una diversión muy rural, campesina, de la agricultura, porque además de tener el espacio físico, los animales son su diversión y tener un gallo para alimentarlo, entrenarlo... es lo mejor”.

Además dice haber encontrado buenos amigos en el mundo de las galleras,  disfruta del quemeimportismo de las condiciones sociales, porque ahí ese detalle no impera, “dentro de la gallera hay de todo, ricos, pobres, profesionales, de toda condición y no importa quién es el propietario del gallo. Hay mucho sentimiento y yo me siento orgulloso de decir que soy una persona que cumplo con mi palabra y trato de hacer la riña lo más justa posible”.

Sin embargo,  el entusiasmo disminuye al preguntarle  quién seguirá su línea gallera, pues indica con resignación y humor “cuando ya no esté creo que rematarán mis gallos”, porque ninguno de sus descendientes comparte su amor por los cantos mañaneros.


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