Encerrar el universo en un solo planeta es como pedirle a una lectora como Mónica Ojeda que defina su libro preferido. Vinculado su interés por la literatura con el periodismo escrito y talleres de escritura creativa con Miguel Donoso Pareja, Ojeda, estudiante de comunicación social en la Universidad Católica, se reúne a apreciar narrativas, situaciones e inventos de escritores junto con sus compañeros Roberto Zavala y Mario Maquilón.
Sin Julio Cortázar o Juan Rulfo, los tres aprendices de la literatura reconocen que una vez procesada una historia, combinada con pensamientos personales y comprendida como apertura a diversas ideas, necesitan comentar la obra entre ellos. Porque, de acuerdo con Ojeda, la conversación se vuelve un complemento intelectual y no un diálogo perdido entre lenguas.
El concepto de la lectura necesitaría una ampliación en sus soportes concretos. Para definirlo se ha concebido un sentido abierto a todo tipo de géneros literarios e integrante de una lectura de carácter educativo y/o profesional.
¿Por qué ligarlo exclusivamente al papel, cuando existen canales nuevos como Word o Wikipedia? Estos suponen un avance sobre lo que ya existía.
El hábito de leer no se vería, sin embargo, en peligro de extinción por la revolución tecnológica, ya que es la clave de la sociedad hacia la información, no en criterios de cantidad, sino de calidad. Quien no se entera no sabrá nunca.
No hay duda de que el libro, cuando abre su boca seca y plana, se queda como el elemento trascendente, accesible y solidificante en la política informativa y formativa de una sociedad.
Incentivo
Favorecer la lectura en nuestro país debe ser un objetivo permanente y para lograrlo es imprescindible concienciar a las administraciones públicas y a la gente del papel protagonista que debe asumir.
Desde el 2005, la Sociedad Fomento a la Lectura (SFL), impulsada por Nila Velázquez, directora de la Fundación EL UNIVERSO, y cristalizada con los aportes de apasionadas de la literatura como Cecilia Ansaldo y Paquita Calderón, promueve la lectura como una de las principales vías para cooperar, desde el campo de observación, en la construcción de un país con una ciudadanía crítica, receptiva y activa frente a las ideas.
Velázquez afirma que este proyecto no es una pretensión de moda, sino más bien un motivo para que el público aproveche la lectura como el fútbol, un deporte de tradición que despierta en cada generación pasión al verlo y vivirlo.
Calderón, directora ejecutiva de la asociación, sostiene que esta aspira a evidenciar la trascendencia de la lectura como la gran herramienta para comprender la realidad circundante e interpretar palabras, imágenes, naturaleza.
Cada mes, cuenta Calderón, la SFL tiene al menos una actividad en torno a la literatura. Se la realiza en espacios poco convencionales, tales como restaurantes o cafés, para que los libros traspasen las paredes de cualquier institución educativa y sea la lectura como una invitación a un momento de disfrute.
El concurso
Este año convocan a un concurso como homenaje al escritor ecuatoriano Alfredo Pareja Diezcanseco, con sus obras La Baldomera y Las tres ratas. Admiten equipos conformados por personas de toda profesión u oficio, mayores a los 18 años. La respuesta del público ha sido encomiable, según Calderón, debido al entusiasmo inesperado, el cual ha trascendido la ciudad de Guayaquil, con integrantes de Babahoyo, Playas, Yaguachi.
Uno de los dieciséis grupos participantes, “La Tri”, integrado por Milenka Narváez, Ondina Puga, ambas de 18 años, y Jaime Powcholong, asegura que las puertas al pasado se abren al leer, y no necesariamente a través de documentos o testimonios de la historia.
Para Narváez, estudiante en la Universidad Espíritu Santo, una novela que describa la ciudad es el mejor mapa, como los cuentos de García Márquez, donde el realismo mágico, dice, le indican la necesidad de ser objetiva pero sin olvidar el misticismo de lo extraordinario.
El pasado domingo, Cecilia Ansaldo, presidenta del SFL, lo resolvía con mayor acierto en su columna de opinión: “No hay duda de que la novela es un género vivificador. Federico García Lorca es un rostro hermoso, (...), una creatividad genial para cualquiera que haya seguido su vida. Pero solamente en una ficción narrativa lo sentimos palpitar, oímos su voz, sufrimos con su debilidad de hombre, con su temor a la muerte”.
El escritor colombiano Álvaro Mutis gustaba del elogio a la lectura, subrayando que esta, disfrutada con riqueza y plenitud, es la conquista más plena que puede hacer un hombre en su vida.
Es así como la psicóloga Lydia Jiménez, de 29 años, inmortaliza sus propias memorias con el arquitecto Henry Valdez, de 38, en su colección de libros. El inicio de su relación la compararon con Orgullo y prejuicio de Jane Austen. Cuando llegaron a sentirse un solo átomo citaron a Whitman, y cuando supieron de la infinidad de lo que sentían, zarparon en un barco como Florentino Ariza y Fermina Daza, en El amor en los tiempos del cólera.
“Para entender las emociones de uno mismo”, comenta Jiménez, “es necesario conocer las flaquezas y los momentos heroicos de otros, reconocer que uno no inventa el amor, sino que lo vive en medio de otros miles ”. Así, basta el paréntesis creado entre dos para creer, como Jorge Luis Borges y su Aleph, que el universo se encuentra ahí escondido.