Tienen distintas edades y diversas circunstancias de vida, pero están emparentados por la soledad, el desamor y la carencia de ese éxito laboral que la sociedad actual tanto valora y glorifica. Es un relato de pequeñas vidas, de existencias al límite, con las que una, como lectora, puede conectarse. Los personajes están cobijados por la noche. Por esa noche que casi todos utilizan para dormir y que ellos convierten en día, porque la claridad los asusta. Los desnuda. Los enfrenta con sus miserias. Con sus recuerdos.
Montero es una escritora con vasta experiencia. Una autora española que viene del periodismo. Su narrativa es rápida, vital, nada de perderse en largas y agónicas elucubraciones. En cada línea, en cada párrafo, hay una acción. Y de esta forma se estructura su nueva novela, Instrucciones para salvar el mundo, un título que no deja de ser una paradoja si tenemos en cuenta de qué se trata la obra (los personajes tienen dificultades incluso para salvarse a sí mismos). Es una publicación de 312 páginas, editada por el sello Alfaguara.
Matías es un taxista viudo. Su esposa acaba de fallecer de cáncer. Daniel es un médico mediocre, que trabaja en las urgencias de un hospital público. Tiene una vida matrimonial lamentable. Su único modo de escape es el mundo virtual. Matías y Daniel tienen 45 años. Cerebro es una científica setentona. Respetada profesional y catedrática en su juventud, ahora es una vieja alcohólica. Fatma tiene 20 años, es africana y ejerce la prostitución. Todos viven en Madrid. O sobreviven en esa inmensa ciudad, en medio de una cotidianidad que los abruma. Entre ellos no hay nexos familiares, ni siquiera son amigos. Pero sus vidas se entrecruzan en algún momento y se acompañan en el desamparo y tal vez constatan que la infelicidad es más frecuente de lo que uno cree.
Al principio de la novela solo hay pequeñas pinceladas de la vida privada de los personajes y una hasta se puede llegar a preguntar: ¿y por qué la autora cree que estas vidas son interesantes literariamente? Pronto esa pregunta que flota sobre todo en la primera mitad de la novela va obteniendo respuesta. Y nos dejaremos atrapar por los avatares de estos personajes, por sus historias tristes y solitarias, pero también solidarias. Son vidas en las que un acto pequeño e insignificante puede tener el tono de gloria. Vidas que no apreciaban la vida y que de pronto descubren su significado. Y que quizá nos dicen que la fraternidad es la única forma de salvación.
Montero se las ingenia también para tocar temas tan actuales como el calentamiento global, la incomunicación en una época de tantos medios de comunicación, la migración. En la historia hay marroquíes, colombianos, de todo. Solo falta un ecuatoriano, que se una a la lista de sobrevivientes en esta novela, que ubica a la autora como una de las agudas narradoras de la sociedad contemporánea.