Nueve años como trabajadora social en el sector privado, los últimos ocho en el área bancaria, han permitido a Valeska Ponce de Gavilanes colaborar con el desarrollo laboral y humano de cientos de personas en actividades como capacitaciones profesionales, solicitudes de préstamos, asistencia familiar e incluso consejos personales (algún empleado indeciso a continuar sus estudios o que piensa casarse sin amor), entre otros aspectos que le provocan una profunda satisfacción.
Sin embargo, la vida le permitió hace dos meses una particular ‘graduación’. “Ser madre es la mayor experiencia de asistencia humana; es entregarse al bienestar completo de un ser”, indica esta ambateña que lleva 25 de sus 32 años de vida residiendo en Guayaquil.
Su esposo, Beto Gavilanes (36), ha sido un gran apoyo para esta experiencia de amor y entrega, la cual además la impulsa a seguirse desarrollando. “Nadie debería renunciar a sus sueños. Ambas situaciones (lo profesional y la maternidad) deberían compartirse”, indica Valeska, quien acaba de concluir un curso de dos años de Master in Business Administration (MBA).
Valeska busca afianzarse como una mujer que cumple sus propósitos, actitud que desea transmitirle a su hijo Norberto Andrés Gavilanes Ponce.
La frustración por metas incumplidas es una mala herencia para los hijos. “Lo que sí puede ocurrir es un cambio de planes, pero con la firme convicción de que esa decisión es un hermoso acto de entrega y amor hacia los hijos”. (M.P.)