- SEP. 07, 2008 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
Cuando Jesús comienza a predicar diciendo “Yo les aseguro”, es señal de que pretende una atención más responsable, de que busca que los corazones y las mentes se dispongan a considerar algo decisivo para la felicidad.
Hoy escucharemos, cuando nos lean en la misa el Evangelio, dos avisos de este modo presentados. Pero me detendré, para mi ‘Dios y yo’ de este domingo, solamente en el segundo.
Es una promesa que nos llena de seguridad a usted y a mí: “Yo les aseguro”,–nos dice Jesucristo– “que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la Tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del Cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
No importa que los dos o tres que pidan sean unos pobres pecadores, como usted y como yo. Lo que importa es que los pedigüeños estén de acuerdo en la oración y se reúnan en el nombre de Jesús. Porque el Padre celestial, sin importarle la insignificancia de quien pide, atenderá sus peticiones. Y, si conviene, las concederá.
Esta seguridad de que el Señor escucha la oración de los unidos, ha llevado al Consejo Ecuatoriano de Laicos Católicos (Celca) a proponer al Señor Arzobispo varias iniciativas de oración y sacrificio por la Patria.
Entre las aceptadas por monseñor Arregui, destaca la que tendrá lugar el próximo domingo, 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz. Esto es la alegre celebración –en sitios señalados y a las once ante meridiem– de al menos ocho misas, ofrecidas por la paz, la vida y la familia, que se encuentran ciertamente amenazadas.
Van a ser encuentros –así lo dice el Arzobispo– “estrictamente litúrgicos”. Y como se pretende que se viva un testimonio de la fe, de la esperanza puesta en Dios y de la comunión, se desea que los fieles, con sus “santos” y estandartes, acudan en festiva romería. Para lo cual, esa mañana, en ninguno de los templos parroquiales se celebrará la Eucaristía.
Me parece que estas misas van a ser muy eficaces. Porque si Jesús promete conceder lo que le pidan dos o tres unidos, ¿no concederá lo que le pidan no sé cuántos miles unidos?
Pero, más que el número de fieles asistentes, lo que cuenta para la eficacia de una misa es la Víctima ofrecida y el Sacerdote Eterno que la ofrece. Porque la Eucaristía es, no hay que olvidarlo nunca, el sacrificio del calvario perpetuado. Por eso estoy seguro de que Dios nos va a otorgar lo que le suplicamos... si conviene.