James Hetfield, el mordaz cantante y guitarrista de Metallica, llegó de primero al trabajo y empezó a practicar ejercicios vocales en alto. Lars Ulrich, el afable batería, llegó un poco después. Luego vinieron los surfers de pelo largo del grupo: el guitarrista principal, Kirk Hammett, y el bajista, Robert Trujillo.
Estaban en una edificación vigilada anexa al Estadio Cotroceni en Bucarest, a varios metros de las tribunas.
La banda, cuyos integrantes ya superan los 40 años de edad, necesita unos 20 minutos de calentamiento para prepararse físicamente.
En los últimos cuatro años, el grupo también ha utilizado el tiempo para escribir material nuevo, incluida gran parte de su sorprendente y vigoroso nuevo disco: Death magnetic.
“No va a haber canciones nuevas esta noche”, comenta Ulrich, con tono de pedir perdón. “Para ser sincero, estoy un poco harto de las canciones nuevas”.
De todas formas, el concierto sería lo que muchos fans probablemente querían: música grabada entre 1983 (Kill ‘em all, el primer álbum de Metallica) y 1991 (Metallica, también conocido como el “disco negro”), pero nada de la a menudo vilipendiada segunda mitad de la carrera del grupo.
Metallica se enfrentará pronto al presente, cuando salga a la venta Death magnetic el 12 de septiembre.
Este álbum, producido por Rick Rubin, es mucho mejor que todo lo que el grupo ha grabado en los últimos 12 años. Pero también puede que se considere una regresión, porque evoca el sonido de la banda a mediados de los 80.
La música de Metallica era atlética en aquel entonces, loca, con adornos macabros y agudos: las letras con las fantasías sobre la muerte de Hetfield, canciones dentro de otras canciones o solos agudos y atronadores de guitarra.
Pero no siguió siendo así. Hubo una apostasía detrás de otra: baladas, secciones de guitarra acústica, la prohibición de los solos de guitarra, los cortes de pelo...
Al final el grupo contrató a un director de conciertos —un terapeuta más o menos—, que desempeñó un papel crucial en Metallica: some kind of monster, el documental de 2004 sobre la casi ruptura de la banda y su regreso.
Rubin quería que los miembros de la banda “intentaran borrar muchos años de pensar que era necesario cambiar su sonido o evolucionar”, declara. “Si las órdenes de marcha que has recibido durante los primeros 20 años han sido ‘cambia, cambia, cambia’, deshacerse de estas ideas preconcebidas es, a su modo, una idea nueva”.
Tal como explica Ulrich: “Rick trabajó con nosotros y nos inculcó un mantra que se metió en nuestra mente que era ‘no tengan miedo de su pasado. No tienen que copiarlo, pero tampoco está mal que se inspiren en él”. Así que, ¿de qué trata este nuevo disco? ¿Del cansancio de innovar? ¿De la nostalgia? ¿O es posible que personifique una cualidad que no se suele asociar con el heavy metal pero que sí se debería hacer, como por ejemlo, el refinamiento?
En su primera reunión con Metallica hace dos años, Rubin le puso algunas tareas por escrito al grupo. “Les pedí que se imaginaran que no eran Metallica”, afirma.
“Les dije: ‘Supongamos que se desencadena una lucha entre bandas y nadie sabe quién son y no pudieran confiar en ninguno de sus éxitos para recuperse. ¿Cómo sería ese sonido?”.
Les comentó que Master of puppets, que salió a la venta en 1986, fue el mejor disco del grupo. También les pidió que se imaginaran que esa producción representara sólo la mitad del material que le debían a la discográfica ese año.
Hetfield agrega que tratar de retroceder en el tiempo fue “una idea bonita y muy cercana a lo imposible”. “Sabemos demasiado”, añade. “Uno no puede obligarse a volverse virgen otra vez. Pero entendí lo que quería decir Rubin”.
Death magnetic apuesta por el hecho de que estos músicos han madurado y pueden demostrarlo con música más complicada que aquella a la que se han acostumbrado a hacer, pero que siga siendo suya. Suenan como si estuvieran empujando, pero sin excederse.
Como dice Hetfield, ahora Metallica sabe más. “Tenemos un poco más de calma a la hora de tocar”, señala. “No nos concentramos tanto en si podemos o no podemos tocarla. Somos mejores”.