En 1965, cuando no había televisión en Israel y el entretenimiento público consistía principalmente en fiestas con cantos en los kibutz para celebrar la cosecha de trigo, los Beatles, ya celebridades internacionales, fueron contratados para dar un concierto en la capital israelí. Para los jóvenes fanáticos de ese país, parecía un sueño imposible.
Y lo fue. El permiso oficial requerido para retirar la valiosa divisa extranjera para pagarle al grupo de Liverpool fue negado, debido a que un comité ministerial le temía a la influencia corruptora de cuatro ingleses de cabello largo que cantaban sobre el placer.
Como señalaba el reporte del comité: “Los Beatles tienen un nivel artístico insuficiente y no pueden agregarle nada a la vida espiritual y cultural de la juventud de Israel”.
Desde entonces, particularmente en años recientes, Israel ha expresado vergüenza por el episodio y ha intentado enmendarlo. En enero, envió una carta desde su embajada en Londres a Paul McCartney y Ringo Starr, los Beatles aún con vida, en la que les piden perdón por la “oportunidad perdida” de que el cuarteto que “moldeó la mente de una generación, asistiera a Israel y actuara ante los jóvenes que los admiraban y que aún los admiran”. Se les pidió que consideraran de nuevo presentarse ahí.
Hubo poco progreso hasta hace poco. Ahora McCartney ha sido contratado para un concierto masivo al aire libre en Tel Aviv, el próximo 25 de septiembre. Y casi todo respecto al evento es una parábola de una nación transformada.
El prometido concierto ha hecho que muchos israelíes reflexionen sobre la protegida sencillez de vida de hace apenas cuatro décadas.
“Acababa de recibir mi primer LP por mi bar mitzvah, como regalo de mis dos mejores amigos, y era de Los Beatles”, recordó Yoel Esteron, de 55 años, editor del periódico financiero Calcalist. “Y luego cancelaron el concierto. Aún no teníamos televisión, sólo estaciones de radio oficiales. Vivíamos en un ghetto cultural; el país era bolchevique. Los adolescentes y sus padres lo debatieron durante semanas. Todos los adolescentes estaban furiosos”.
Para Yossi Sarid, izquierdista ex miembro del Parlamento y ministro del Gobierno, la llegada de McCartney representa una oportunidad para aclarar las cosas con relación a su padre, Yaakov Sarid, que era el director general del Ministerio de Educación y Cultura, y fue un funcionario involucrado en la cancelación del concierto original.
En un artículo de primera plana en el periódico Haaretz, el 25 de agosto, Yossi Sarid afirmó que la verdadera causa de la cancelación fue la rivalidad entre empresarios de la época. A uno le habían ofrecido un concierto de los Beatles en 1962, antes de que fueran estrellas, y lo rechazó. Cuando un competidor los contrató tres años después, el primer empresario utilizó sus palancas en el Gobierno para cancelar el espectáculo.
Sarid dijo estar agradecido con los músicos. Señaló que gracias a ese concierto cancelado, su padre, un gran educador y hombre modesto, cuyos logros habrían sido olvidados desde hace mucho tiempo, se ha ganado un lugar eterno en la historia de Israel.