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A los alemanes les preocupa la economía, no Rusia

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La canciller Angela Merkel durante una visita, en julio, a Stralsund, ciudad a la que representa.
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Septiembre 07, 2008

Por NICHOLAS KULISH | STRALSUND, Alemania

Este país y Angela Merkel, su canciller, se encuentran en el centro de la respuesta europea a la ocupación de territorio georgiano por parte de Rusia. Sin embargo, en Stralsund, distrito parlamentario de la canciller, en la costa del Báltico, muchos dicen que los problemas en el Cáucaso son una preocupación distante, si es que se trata de algo que les concierne.

Para aquellos que esperan que Merkel intervenga con fuerza contra Rusia, el sentimiento en su distrito indica por qué eso podría ser difícil.

Aunque Merkel goza de un fuerte apoyo popular en Stralsund, el descontento económico es elevado, y la aprehensión tiende a centrarse en asuntos prácticos más que en alejadas cuestiones de seguridad. La lucha cotidiana con los precios en aumento, que han llevado al desplome de los ingresos reales de los trabajadores por toda Alemania, es la preocupación principal en esa hermosa ciudad portuaria medieval.

“Deben empezar aquí, antes de tratar de arreglar las cosas en otros países”, dijo Jan Albrecht, de 32 años, acerca del Gobierno.

Albrecht trabajó en los astilleros locales hasta que perdió su empleo, en diciembre. Ahora, se mudará a Holanda para empezar un trabajo nuevo.

Al preguntarle sobre el conflicto en Georgia, Albrecht dijo que estaba demasiado preocupado por su situación financiera como para seguir los acontecimientos de ese país.

Además de las preocupaciones económicas de sus electores, Merkel se enfrenta a un poderoso cabildeo de negocios en favor de Rusia, a un socio de la coalición que tiene fuertes lazos con Moscú y a preocupaciones sobre los suministros de energía procedentes de Rusia.

Alemania es ampliamente considerada como un puente entre los países de la Unión Europea del sur y el oeste, preocupados por los inmigrantes ilegales de África, y aquellos en la periferia, preocupados por el interés del Kremlin en las minorías rusas que viven dentro de sus fronteras.

Merkel se encontraba en Tallinn, capital de Estonia, cuando se hizo el anuncio de que el presidente ruso, Dmitri A. Medvedev, había reconocido a las regiones separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, ocupadas por fuerzas rusas. Merkel habló claro y fuerte contra la medida, lo que provocó el aplauso de un público estonio profundamente solidario con la causa georgiana.

Tal entusiasmo sería difícil de encontrar en Alemania, donde las encuestas recientes muestran que los electores de Merkel rechazan la amenaza de sanciones económicas contra Rusia casi dos a uno, y se oponen a la membresía de Georgia en la OTAN.

Las elecciones alemanas, dicen analistas en Stralsund, por lo general no tienen que ver con la política exterior, sino con cuestiones económicas básicas.

La creciente brecha entre ricos y pobres se ha convertido en un tema de debate nacional en Alemania, impulsado por la rápida inflación que ha puesto a algunos productos básicos fuera del alcance de los obreros pobres. Nada ha vaciado los bolsillos de los trabajadores más rápido que los precios en alza de la energía.

El vínculo con Rusia, que, de acuerdo con el Gobierno alemán, proporcionó 32% del petróleo del país y 36% de su gas natural el año pasado, convirtiéndolo en el principal proveedor de ambos energéticos, no pasa desapercibido entre los consumidores en Stralsund.

“Sería difícil con las sanciones; Alemania realmente depende de su gas”, dijo Toralf Bast, burócrata de 38 años, que usa gas natural para la calefacción de su casa.

“¿Qué sucedería si cerraran la llave? Alemania probablemente se congelaría.


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