Sábado 06 de septiembre del 2008 Música

Jazz y serranía en Diva Nicotina

Sergio Pérez

Crítica de música

Con la asistencia de artistas, aficionados y periodistas, Diva Nicotina (al pie del cerro Santa Ana), que se consolida como el verdadero y único jazz club en Guayaquil, presentó un excelente programa musical, sin duda elitista pero que va ganando terreno a medida que ese gusto adquirido por el jazz se expande.

Con Ramón Rovira al piano, Cayo Iturralde en bajo, el baterista Pepe German y el percusionista Carlos Albán tocando el cajón peruano y el xiláfono, la agrupación quiteña Pies en la tierra ofreció su muy particular concepto de una fusión de jazz con formas folclóricas serranas.

Con nombres como  Sangre de drago, La máscara y  San Juanete resultó sorprendente para el público costeño que estos músicos, relativamente jóvenes se preocupen por el albazo o el sanjuanito, pero ya desde la época de Promesas Temporales, en los ochenta, existía la inquietud en Quito.

Con un Cayo Iturralde confirmando su prestigio de gran bajista, ampliando las posibilidades del instrumento, al hacer melodía como si fuera una guitarra, las influencias nativas se escucharon en teclados, el cajón (del Chota) y en Footpath un solo en el xilófono de gran ejecución.

Mezclando progresiones disonantes y armónicas en un teclado con gran sonido de piano y deslumbrante técnica en digitación dejaron claramente impresa una huella que podría describirse como “Andean kunk” con un baterista tocando hasta en los bordes metálicos.

La siguiente noche Pies en la Tierra acompañó a Marvin “Doc” Halliday, pieza de museo viviente, quien tocó con Charlie Parker y Dizzy Gillespie, inventores del jazz moderno y quien se da el lujo de tocar un saxo barítono con todos los matices del instrumento a la edad de ochenta años.

Haciendo un repertorio de lo más fino y representativo del jazz clásicamente moderno, cubrió desde el jazz/bossa nova que inspiraba a Dizzy Gillespie hasta su invención el Be-Bop, pasando por una melancólica tonada muy lenta de Duke Ellington.

El Be-Bop me levantó del asiento por el ritmo endiablado del piano, y  Groove merchant, de Jerome Richardson, resaltó la sensualidad incomparable de las  Notas azules del saxo tocando una mezcla de swing-jazz con blues, quizá lo más bello del jazz.

Halliday, un maestro, vive ahora en Quito.
  
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