- SEP. 06, 2008 - Foto - Música - EL UNIVERSO
El Cabo Rojeño consta de un solo ambiente y dos hileras de asientos pegadas a las paredes. Ciertas noches hay música en vivo.
La alegría está en el Cabo Rojeño. El grito de gol, la espuma de cerveza y la salsa que echa candela viven ahí. Este bar nació para la rumba el 13 de julio de 1983 en Zaruma y Rumichaca. Siendo sus autores materiales e intelectuales los hermanos Pinargote Brito: Yoyo –fanático de Barcelona y Héctor Lavoe– y Galo –hincha de Emelec y la Sonora Ponceña–.
A finales de los setenta en Nueva York visitaron el bar salsero Cabo Rojeño (nombre en honor a los nacidos en Cabo Rojo, Puerto Rico). Ese nombre le dieron al suyo. “Comenzamos con unos mil discos de vinilo”, recuerda Yoyo en el bar, desde 1991 ubicado en Rumichaca 615 entre Quisquís y Urdaneta con atención de lunes a sábados de 16:00 hasta la medianoche.
El bar consta de un solo ambiente y dos hileras de asientos pegadas a las paredes. La derecha pintada de azul en honor a Emelec y la otra amarilla por Barcelona. Ambas tatuadas con escudos, fotos de históricas alineaciones y retratos de futbolistas legendarios que jugaron en los ídolos del Astillero. Sobre la entrada hay imágenes religiosas, motivos caribeños en neón. Al fondo, la barra rodeada de unos 3.000 discos compactos y afiches desde el Che Guevara hasta Celia Cruz.
De esa barra brota la mejor salsa que se pueda vacilar en Guayaquil y también oro líquido: Club verde y Pilsener light
$ 1,10 y también whisky Johnny Rojo $ 30 con hielo y agua mineral. Ante la ausencia de piqueo, un par de vendedores ofrecen desde maní saladito hasta aceitunas. Mientras en lo alto, otra inmensa pantalla se dispara con partidos de futbol y conciertos salseros: “Guajira el son te llama a bailar/A gozar”.
El único pasillo del Cabo es vía de acceso y pista de baile porque todo buen salsero marca el paso en una sola baldosa. Además, siempre están presentes los que con destreza agitan las maracas o le pegan a la clave. Y ciertas noches hay música en vivo. Como cuando el bar festejó sus 25 años de aniversario con La Reencarnación –antiguo conjunto de la barriada–, Freddy Barberán, el Héctor Lavoe ecuatoriano, Herencia Rumbera, etc., y sus más antiguos clientes. El Cabo ha recibido a salseros ilustres. También, legendarios futbolistas: Enrique Raimondi, Alfonso Quijano, Luciano Macías, Vicente Lecaro, Bolívar Merizalde, Jorge Bolaños, Julio Bayona, y otros.
“Los aficionados vienen a ver su partido de fútbol –hoy que juega la selección de Ecuador contra Bolivia estará a reventar–, escuchan salsa y beben su cerveza; asimismo grupos mixtos y parejas, porque aquí no hay problemas y peor malcriados”, dice Galo mientras termina una canción del Gran Combo y suena Yare, de Sonora Ponceña. Yoyo y Galo –Camareta, Javiedes y Chino, el resto del equipo– piensan que “el fútbol y salsa van de la mano en el Cabo Rojeño, pues, de por sí, el guayaquileño es rumbero”.
La alegría está en el Cabo Rojeño. Arrimado a la pared azul, pido una cerveza en espera de Marejada feliz, de Roberto Roena, porque aquí hasta los fantasmas bailan al son de fútbol y salsa.