- SEP. 06, 2008 - Foto - El Gran Guayaquil - EL UNIVERSO
Un tío le sugería que estudiara electrónica, al tiempo que le enseñaba la reparación de radios y televisores.
Cristóbal Durán, quien tiene discapacidad visual desde su nacimiento, hace 24 años, ingresó a un instituto de capacitación y en dos años obtuvo el título que lo avala como técnico en aquella profesión.
En lo teórico, grababa las clases y escribía en sistema braille (secuencia de puntos). Michelle Aguilar, una amiga, lo acompañaba y transcribía los textos que presentaba a profesores.
Para la práctica, una lupa lo ayuda a distinguir las series numéricas de los repuestos y leer, aunque con dificultad.
“Me daba modos para coger la lupa y pegar (con soldadura) los integrados (repuestos). Me esforcé y aprendí”, refiere.
Entonces habilitó un taller en su domicilio (calles 36 y la B) y también aprendió la instalación de programas computacionales. Con ello se gana la vida.
Y si emprender su negocio fue difícil por sus limitaciones, mantenerlo es aún más por la poca demanda, por lo que pide que se abran espacios para las personas con discapacidad.
Dice que lucha por salir adelante pensando en sus dos hermanos menores que también presentan ceguera. Cristóbal, de menuda estatura, mantiene su amplia sonrisa. La perdió por momentos cuando estuvo en el taller de literatura y no pudo contener las lágrimas al recordar, a través del olor del café, a una amiga con quien compartió momentos muy felices.
Los talleres del programa Desarrollarte, dice, le permitieron integrarse con otras personas con discapacidad. Hoy prepara su debut actoral junto a sus compañeros de reparto.