Texto: Gerarda Plaza de Huerta en Medellín
Fotos: Chiqui Naranjo
Luego de vivir el corre corre de las modelos en el backstage, donde cuarenta y cinco maquilladores y estilistas se encargaban de prepararlas para los diversos desfiles del Colombiamoda –Fashion Week de Medellín–, bajé un poco las revoluciones para regresar al hotel, cambiarme de ropa y salir inmediatamente hacia el Jardín Botánico, donde se presentaba la pasarela de Ésika, maquilladores oficiales del evento, y Amelia Toro, diseñadora de modas colombiana muy reconocida que tiene fuerte presencia de marca en Europa.
Al llegar a este evento de 500 personas y ver mi nombre en las sillas de la primera fila me sentí Paris Hilton en su mejor momento, pensé: “esto va a estar fabuloso”.
Había mucha expectativa en cuanto al tipo de trajes que se presentarían y cómo sería el maquillaje diseñado especialmente para esta ocasión. Muy puntuales, a las nueve de la noche, se apagaron las luces, y una suave neblina empezó a envolver a los invitados. De repente, mimos –todas vestidas de blanco en tela spandex–, se movían suavemente en el escenario, creando formas enigmáticas, iluminadas como con luz de luna, para dar paso a una trapecista que dejó a todos sorprendidos de ver tremenda actuación, a muchos metros de altura y sin ninguna protección.
La música subió de tono, lo que marcó la salida de las modelos, cada una más alta y más delgada que la otra, quienes lucían con gracia un maquillaje de tonos rojizos en los ojos y labios neutrales. La ropa, sobre todo los vestidos, eran una belleza. Realmente es raro ir a un desfile tan variado en cuanto a diseños, donde uno piense tantas veces “lo quiero, lo quiero, lo quiero…”.
Las piezas más cortas fluían libremente en cortes victorianos, con muchos pliegues, en telas como chifón, seda y organza, pero la gran estrella de la noche fue la licra, pues era de tal calidad que no se pegaba al cuerpo, solo marcaba ligeramente las formas.
Los tonos, en llanos y en estampados, fueron variados como los infaltables y tan en boga blanco y negro. Los azules, lilas, rojos y rosas también marcaron una tendencia.
Diferentes y muy comentados fueron los peinados, todos sencillos, pero decorados con mariposas, pajaritos, libélulas, para recalcar la temática de Ésika de este año: Fantasía viva, inspirada en la naturaleza. Ya que para ellos el maquillaje y la moda van de la mano, buscando transformar a la mujer, acercarla a su ideal de belleza y realización.
Así en un suspiro se terminó el desfile, para volver al bullicio de las fotos, entrevistas y cenas, pero me fui muy contenta y con dos cosas en claro: que la industria de la moda colombiana va para arriba y que los anfitriones nos trataron a cuerpo de rey.