No solo hay que introducir un número adecuado de calorías, sino aportar la cantidad de nutrientes necesarios para las funciones diarias y básicas del cuerpo.
En la actualidad existen varios métodos para bajar de peso, aunque no necesariamente estos sean los más eficaces para mantener las libras perdidas, explica la nutricionista Gabriela Jordán.
La dieta debe respetar las costumbres de cada persona, cambiando a la base los hábitos alimenticios errados. Con esto no se quiere decir que hay que seguir un sistema riguroso toda la vida, sino que poco a poco se aprende a tener un equilibrio.
Si analizamos las dietas que están de moda, la mayoría se caracteriza por no ser personalizada, por presentar carencias nutricionales y sobre todo por no enseñar a quien las sigue a tener buenos hábitos alimenticios.
“Si una dieta es extremadamente reducida en calorías, lo único que se obtiene es bajar de peso rápidamente pero con una irrefrenable ansiedad por comer. En cuanto a las libras perdidas, no se eliminan únicamente de la masa grasa; al contrario, en su mayoría es de la masa muscular. Una vez que se termina la dieta y se regresa a la dieta habitual se recupera el peso perdido pero no la masa muscular”, señala, y agrega que esto no se debe únicamente a que el cuerpo se ha adaptado a comer menos, sino que se suma el aumento de la ansiedad generado por la insatisfacción durante el periodo de restricción y conduce a comer más.
En cambio las dietas hiperproteicas, que se basan en el consumo de carnes, huevos, embutidos, quesos y otros productos de origen animal, y se evita la ingesta de carbohidratos (arroz, cereales, pan, fideos y frutas), pueden traer serias consecuencias en el organismo. La necesidad fisiológica de hidratos de carbono en una dieta equilibrada debe ser entre 50 y 55% de calorías totales de la dieta. Por lo tanto, si un sujeto sano necesita consumir 2.000 calorías diarias, es necesario que por lo menos 1.000 de estas sean dadas por los hidratos de carbono.
En los últimos tiempos, el bombardeo de información relacionada con la nutrición y la pérdida de peso específicamente ha desorientado al consumidor. Hay que tener en cuenta que mucha de esta información tiene de fondo intereses económicos, dice la profesional.
También hay otro tipo de alimentos que se deben manejar con cautela, ya que si bien es cierto que son saludables para el organismo, su consumo ilimitado puede producir un efecto negativo en cuanto al peso, pues tienen muchas calorías. Ese es el caso de la linaza, productos integrales, el aguacate, frutas secas y el aceite de oliva.
El uso desmedido de alimentos etiquetados como light, “bajo en grasas”, “bajo en carbohidratos”, “sin azúcar”, no necesariamente nos ayudan a adelgazar. Muchos piensan que estos productos tienen cero calorías, por lo que se exceden en el consumo.
Es importante observar la información nutricional de cada alimento para saber qué y cuánto ingerir.
A medida que se prueban nuevas dietas la fuerza de voluntad se va agotando y se espera encontrar una fórmula mágica en que se permita comer sin grandes sacrificios. Esto conduce en muchos casos al consumo de pastillas. Algunas de estas quitan el apetito, otras estimulan la termogénesis (efecto térmico de los alimentos cuando se ingieren), otras ayudan a perder líquidos o a no absorber los alimentos.
El problema es que su uso tiene consecuencias secundarias que van desde el insomnio, irritabilidad, cefalea, apatía, fatiga hasta las más graves como desnutrición, hipotiroidismo, osteopenia, hipertensión, cardiopatías, deshidratación. En el momento en que suprimimos el tratamiento, el cuerpo acostumbrado a funcionar con la ayuda de estas pastillas deja de trabajar normalmente y por lo tanto recupera el peso rápidamente, incluso hace que el metabolismo se vuelva más lento.
Dicho así es fundamental ser conscientes de que el hecho de bajar de peso a largo plazo depende de constancia. Para eso es necesario un cambio de hábitos que no solo dependerá de una dieta equilibrada sino de un ejercicio físico constante. Los métodos rápidos como las pastillas son una manera fácil pero a la vez peligrosa de bajar y recuperar el peso. Se recomienda específicamente hacer una dieta personalizada a base de los hábitos alimenticios de cada persona, para así perder y mantener el peso.
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