- SEP. 04, 2008 - Foto - Cine - EL UNIVERSO
Excesiva sensibilidad. Ese es el resultado tras ver La misma Luna, coproducción México-estadounidense, dirigida por Patricia Riggen. Si la idea era conmover, pues lo logra y con creces. Más de algún espectador deberá echar mano de los klínex en el bolsillo de la cartera o el pantalón. Pero no estamos ante una película de canguil, como diría un lector. Estamos ante un drama que señala la tragedia de la emigración mexicana a Estados Unidos, sus desánimos, zozobras y el maltrato sufrido por quienes optan por irse al Norte en búsqueda de mejor vida.
Y pese a que la cinta se anota uno que otro buen punto con escenario político y crítica al gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, y sus políticas de inmigración incluidas, La misma luna no se destaca por su comentario político, porque tampoco fue concebida como un filme de denuncia. Las caracterizaciones no son del todo sobresalientes.
Una Kate del Castillo destacable en la pantalla chica, pero dramáticamente poco aceptable para el corte cinematográfico. Un plausible Eugenio Derbez, quien si bien no logra desligarse de la máscara autoimpuesta de la comedia, le otorga a su personaje una suerte de ácido sentido del humor que realza su papel dramático. Y sin lugar a dudas quien se roba todo es el niño Adrián Alonso. Su papel de Carlitos sencillamente merece más de un elogio. Hay fluidez narrativa, con cierto realismo mágico, por lo que el relato camina fácil; tal vez demasiado fácil para la dureza de lo que se pretende mostrar y demostrar.
Pierde así intensidad dramática, generando grandes dosis de predictibilidad. El manejo de planos y secuencias se muestra correcto, con ciertas búsquedas formales, lo que permite nuestra complacencia, aunque algunas de sus imágenes son redundantes con respecto a los diálogos.
No nos dice nada que no conozcamos, solo rasguña la piel y no pone el dedo en la llaga. Cuenta con la actuación de Carmen Salinas, el ídolo de millones Mario Almada y los legendarios Tigres del Norte. No puedo dejar de destacar el acierto de incluir en la banda sonora la famosa canción de los Hermanos Ortiz, Superman es ilegal.
El Hombre de Acero, quien llegó desde Kriptón sin documentos, no es menos ilegal o más americano que los mexicanos que intentan trabajar en los Estados Unidos.