Inicio - eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
JUEVES | 4 de septiembre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
 Ediciones Anteriores
  
eluniverso.com Suplementos Especiales Servicios Clasificados
Publicidad
Portada
Política
Economía
Sucesos
Migración
El País
Internacionales
Deportes
El Gran Guayaquil
Vida
En escena
Religiosa y Obituarios
Opiniones
Editorial
Columnistas
Cartas al Director
Temas
Fotogalerías
Agropecuario
Un día como hoy
Cuéntamelo todo
El Alquimista
The New York Times
Eloisa dice
Suplementos
Servicios
Cartas a los lectores
cartas@eluniverso.com
 
Guardias sin armas hoy solo miran los asaltos

Escuché las declaraciones del ministro de Gobierno, Fernando Bustamante, en un evento de la Policía Nacional, en cuyo discurso, probablemente de carácter político, decía de manera muy enérgica que ningún civil puede portar armas y que se aplicaría la ley en aquellos que la desobedezcan.

Lamentablemente, señor ministro Bustamante, no son los civiles comunes los que portan armas sino los delincuentes, y creo que a ellos poco o nada les interesa si les aplica o no la ley.

No se puede tapar el sol con un dedo. Todos conocemos que el índice de la delincuencia sube cada día. El problema está latente, pero no se ha presentado una solución coherente. La Policía Nacional está en la obligación de garantizar la seguridad de todos los ciudadanos, pero al parecer, no cuenta con suficiente personal y recursos para cumplir con su objetivo.

Sería prudente que la Policía Nacional entre en un plan conjunto con las compañías de seguridad; que no caiga en el juego del Gobierno de buscar guerras donde no existen. Los enemigos no son estas compañías que protegen los bienes privados, sino los delincuentes que están en las calles. Si trabajan aliados a los sectores privados, municipios y demás entidades cuyo deber es proteger al ciudadano, estoy muy seguro de que los ecuatorianos aplaudirán el esfuerzo, y volvería la confianza en tan noble institución como lo es la Policía.

No rechacen, por lo tanto, la ayuda que se les brinda por parte del Municipio de Guayaquil. En este barco de protección ciudadana estamos todos subidos, y si unos reman para el norte y otros para el sur, no llegamos a ninguna parte y los únicos que ganarán son los delincuentes que realmente no tienen respeto a la vida, la propiedad privada y, sobre todo, a la ley.

Andy Chong López,
Guayaquil

Delincuencia y Policía I

Lo que no conoce el pueblo es que se está promoviendo un estado de represión total. Una muestra es la represión que realizó la Fuerza Pública sobre los estudiantes de la Universidad Católica; esto es el inicio de un camino a la represión.

El desarme de los guardias privados de seguridad, promovido por el Ministro de Gobierno, se encamina a desarmar a una potencial amenaza para el Gobierno. Según las estadísticas, existen más de 120 mil armas entregadas por el Comando Conjunto a la ciudadanía, y más de 45 mil armas en manos de la seguridad privada.

Ya lo dijo el mismo Presidente de la República, la seguridad privada es una fuerza que debe ser controlada. Esto se aclara más al pensar que al frente del Ministerio de Defensa existe un periodista opuesto a la doctrina militar, y que los asesores militares fueron reemplazados con otro tipo de personajes que no tienen nada que ver con el campo militar, y que en el palacio presidencial existen 30 militares y más de 120 policías.

La estrategia sería reducir la fuerza militar y fortalecer la fuerza policial. ¿Acaso por temor y, en determinado momento, buscar apoyo en la fuerza policial? La reducción del poder militar quiere decir que lo que menos interesa es la seguridad externa y el fortalecimiento policial. Quiere decir que lo que más interesaría al Gobierno es un clima de seguridad interna sustentado en represión. Ministro de Gobierno, usted está equivocado, está desarmando a los buenos; a quien debe desarmar es a los ladrones; para su conocimiento, la reducción de los niveles de riesgo o de inseguridad urbana y rural, se logra con políticas públicas de seguridad, con la integración de todos los actores sociales con un plan de seguridad sustentado en la prevención y proactividad, en búsqueda de soluciones inteligentes para mitigar las múltiples causas de la delincuencia; pero no con políticas represivas como las que actualmente está fomentando.

Marco Salinas C.,
Guayaquil

Qué ironía leer la noticia sobre el robo en un restaurante a pocos metros del local del IV Distrito de la Policía y, lo que fue peor, su presencia después de una hora del suceso, con la novedad de que los guardias privados no pudieron repeler el asalto por no tener sus armas.

¡Qué bien por la Policía preocupada por el control de armas a los que –bien o mal– hacen su trabajo de guardias, mientras los delincuentes se siguen apertrechando! ¡Qué bien por el Ministro de la Policía que se preocupa porque no se publiquen fotos violentas, mientras la violencia sigue con más fuerza en nuestra ciudad! ¡Qué bien por la Policía que se preocupa de presentar un informe interesado sobre los incidentes en la Universidad Católica, en forma rauda, y se demora una hora en llegar, estando a media cuadra del sitio! Si esto es la revolución ciudadana, yo no la quiero.

Juan Ampuero Villamar,
médico, Guayaquil

Delincuencia y Policía II
El Ministro de Gobierno salió ya de su posición casi invisible a buscar un plano de notoriedad ante la opinión pública, poniéndole trabas a la prensa en la información sobre accidentes y desgracias naturales de personas, así como en el control a los guardias privados por parte de la Policía Nacional.

Si consideramos en primer lugar que tenemos una Policía eficiente, por lógica pensaremos que no necesitamos de guardianía privada en ningún lugar de la república.

De manera oficial, las ciudadelas privadas necesitan permanentemente tener esta clase de seguridad que regula la entrada y salida de vehículos y personas a sus predios, con el objeto de poder salvaguardar sus bienes y familias del gran auge de delincuencia que existe especialmente en Guayaquil, por la absurda eliminación de la seguridad que nos ofrecía el Municipio de Guayaquil.

Si tomamos en cuenta, además, que cuando sucede algún acto delictivo y se llama a la Policía Nacional, esta concurre al lugar de los hechos después de media hora o una hora, cuando los delincuentes se han puesto ya a buen recaudo.

La guardianía privada, en pocos términos, debería considerarse más bien como una ayuda a la Policía Nacional, y no como un obstáculo para la seguridad ciudadana.

Si en lugar de andar persiguiendo o quitando las armas a los guardias privados, hicieran batidas reales contra los delincuentes, los cuales tienen mejores armas y equipos, entonces sí tendríamos más paz en esta ciudad y se dejaría tranquilas a esas personas que se ganan la vida honradamente defendiendo los bienes y la seguridad de los demás.

Édgar Diminich M.
ingeniero, Guayaquil

Coraje sentí, escuchar por los medios, la ocurrencia, escudándose en algunos parapetos, de que la Policía haya desarmado a los guardias de seguridad que cuidaban mi ciudad, tan desprotegida por los que en tiempos de proselitismo nos bombardearon de ofrecimientos tan floridos como el de garantizarnos la paz y la seguridad ciudadana.

En pleno centro de Guayaquil, en las calles García Avilés y Sucre, apenas salí de un almacén fui seguido por una banda, sí, una banda de delincuentes, porque eran tres; me persiguieron dos cuadras. Fui advertido por un guardia que me dijo que no me ayudaba porque estaba desarmado.

Avancé rápidamente por la calle Sucre, zona de la Metrovía y estos individuos sin ningún reparo hicieron notoria su presencia. Al llegar a la esquina de Lorenzo de Garaycoa no me quedó más que  desenfundar mi arma y los delincuentes al ver esto y que también unos guardias de la Metrovía acudían en mi auxilio, huyeron en precipitada carrera por medio de la gente que a esa hora pululaba en el centro.

Me sorprendió que al acercarse los guardias me dijeran que ellos no estaban armados, y me aconsejaron que me retirara para evitar algún problema con la Policía. Claro que les agradecí por su apoyo y les pregunté como una inquietud, cómo pensaban ayudarme sin ningún tipo de armamento, y lo único que supieron decirme es que solo confiaban en Dios, y que no estén en turno cuando se cometa algún asalto a la Metrovía, la cual está desprotegida ahora.

Habían transcurrido unos 15 minutos, y nunca se acercó ninguna autoridad policial. ¿Esperaremos a que muera algún guardia, víctima de la delincuencia, ahora que están sin armas, o peor aún que la ciudadanía haga prevalecer la ley y la justicia por su propia mano?

Felipe Calderón,
Guayaquil

Delincuencia y Policía III
Al norte de Guayaquil en las ciudadelas Alborada, Santa Cecilia, Los Ceibos, San Felipe, Miraflores, Urdesa, Kennedy, son pan de cada día los asaltos, los mismos que ya ni aparecen denunciados en las crónicas rojas de nuestros medios informativos.

Por amigos, familiares y por casos propios, sabemos muchos residentes de las ciudadelas del norte, lo que es vivir y trabajar en medio de la inseguridad ciudadana.

No se ven patrullajes en vehículos policiales, ni elementos de la fuerza pública vigilando a pie, ni nada por el estilo. Pero sí se observa a hampones en motos y carros rondando las zonas y estudiando los movimientos de las familias que entran y salen de sus casas, de los transeúntes, de los conductores de vehículos, y de los diversos negocios comerciales, los que luego son víctimas del hampa.

Si han inventado una original ley para desarmar a los guardias privados, entonces que notemos ya la presencia de miembros del Ejército, de la Policía Nacional, las veinticuatro horas del día en todas las calles de Guayaquil para que nos den protección.

He leído en esta página de lectores, no sé cuántas peticiones de moradores de las ciudadelas que acabo de mencionar, sobre todo de San Felipe, Urdesa, Kennedy, Los Ceibos, rogando a la Policía que monte vigilancia permanente en esos lugares, pero son ruegos inútiles ante los casos de asaltos que se cometen.

Nos prometen una revolución de cambios, leyes que nos beneficiarán y mil cosas lindas que suenan a cantos de sirenas, pero no se ve, no se siente, la efectividad de ese cambio, sobre todo, en lo que respecta al problema de la delincuencia que ahora se estaría sintiendo más segura para “operar” mejor y a sus anchas. Antes era algo increíble escuchar que a alguien le habían robado su carro, o que los delincuentes se habían llevado a una persona con carro y todo; actualmente ese tipo de delito ya no llama la atención porque es cosa que hasta para las autoridades ya no es ninguna novedad.

Quitaron la seguridad que mantenía el Municipio de Guayaquil, quitan las armas a los guardias privados, para dejarnos aún más en manos de los delincuentes.

Santiago Fernández,
Guayaquil

Ambiente político I

Sus propios partidarios los echarán, es cuestión de paciencia; nada ni nadie instalará para siempre en nuestro lindo Ecuador el socialismo siglo XXI, peor desconociendo leyes naturales de la vida, violando valores, normas éticas y morales, imponiendo  totalitarismo sin prensa libre, un solo sistema educacional, y violentando creencias cristianas.

Se permitieron contratar asesores españoles con recomendación venezolana y boliviana, para que les escribieran a sus asambleístas nuestro mil veces mancillado proyecto de Constitución. Estos despilfarradores del erario nacional, aprovechan su dispendiosa campaña por el referéndum para dilatar emergencias, mejorar subsidios, extender el afrentoso bono, desviar fondos; agudizando el hambre, la falta de trabajo y la inseguridad ciudadana.

Todo esto nos afecta a  los que no deseamos huir de nuestra  patria, gobernada con resentimientos sociales. Confirmado ya el descalabro policial a nivel nacional, por la vergüenza que implica, deberían retornar a sus actividades nuestras FF.AA., para en conjunto –pobladores y policías– enfrentar el descomunal incremento delincuencial que se da “gracias” a penas, jueces y decretos blandengues. Superamos en las estadísticas a países de mayor violencia interna. Malandrines se han tomado colegios, hospitales, ciudades, al ofertar drogas, secuestrar estudiantes, robar bebés, asesinar ...Estos que nos gobiernan ilusionan al pueblo con  ofertas que incumplen.

Fernando Renella Coll,
Guayaquil

Más allá de las posiciones individuales por el Sí o el No, debe preocuparnos el estilo de los gobiernos socialistas latinoamericanos.
Veamos:  Argentina, dividida por la mitad en conflictos caprichosos como el del campo, con más de cien días de paralización y desabastecimiento y pérdidas incalculables en dinero y paz social. Bolivia, partida al medio. Venezuela, con los problemas tremendos que sabemos, aun siendo multimillonaria en recursos. Y Ecuador, con una incipiente división social, cada vez más profunda porque gane el Sí o el No. Ya no importa, entonces la posición de cada uno de los actores, el resultado es igual; lo que está triunfando es ese estilo mucho más ligado a la derecha intolerante, que a la izquierda humanista. En Argentina se vio a la derecha cortando rutas, y a la izquierda, con policías dándoles palo. ¡Raro!

Daniel Sais,
Guayaquil

Ambiente político II
La propuesta de nueva Constitución lesiona el principio de la separación y autonomía de las funciones del Estado, y pretende sustituirlo con un régimen con el cual nombrarán a sus asalariados en el Congreso, para que estos designen en su nombre a jueces, que a su vez investirán un buró como Corte Constitucional, creada para garantizar el funcionamiento de este zafarrancho; para rematar, con un Consejo de Participación Ciudadana escogido. En la ruta que el Gobierno está proponiendo, nos estamos jugando nuestra democracia enclenque que pese a sus límites ha posibilitado en los últimos diez años: el inicio en el país de una cultura tributaria, el mejoramiento de la mayoría de administraciones municipales y la modernización de la función Judicial. Por eso es imprescindible defender este andamiaje constitucional con el No.

José Julio Clavijo,
Nueva Orleans, EE.UU.

El Gobierno esgrime como principal argumento, que durante el periodo de transición y a lo largo de su mandato, será el pueblo mediante ciertos organismos o agrupaciones ciudadanas, quienes elijan a las personas que manejen los entes controladores y auditores como Contraloría, Procuraduría, superintendencias, tribunales de Justicia y Electorales.

Suena bonito pero, ¿estamos preparados para la “Participación Ciudadana”? Vivimos en un país donde el nivel de ignorancia es muy elevado, hablo de ignorancia y no de analfabetismo; no confundir. No tenemos criterio formado y somos susceptibles a ser manipulados con publicidad maquiavélica, que lo único que hace es dividirnos para reinar, enfrentarnos y sembrar el odio entre clases sociales. Somos un pueblo que ha tenido nueve presidentes en los últimos doce años, ¿y tratan de decirnos que seremos nosotros los que manejaremos las designaciones de esas dignidades? El Gobierno tiene la maquinaria poderosa de todo el aparato publicitario que maneja. ¿No creen ustedes que serán ellos los que sugestionarán al pueblo para que la “Participación Ciudadana” elija a los que ellos quieran ubicar en esos puestos? El Presidente propone la aceptación de este proyecto de Constitución, no como un cambio sino en el fondo como una revancha del pobre contra el rico. Quienes hemos leído sobre comunismo y socialismo, sabemos que son teorías que resultan inaplicables al ser humano ya que cada uno de nosotros tenemos diferentes aspiraciones. Estas teorías ya fracasaron hace mucho tiempo, ¿por qué ahora adoptarlas nosotros? ¿Por qué no optar por un modelo más humano que permita el desarrollo individual y colectivo, con un Estado que delimite la cancha y las reglas del juego, pero que no intervenga en él como competidor; que no olvide el pasado para que no regrese, pero que perdone y aprenda de los errores que cometió la sociedad para mejorar? Votemos, no en contra de nadie, sino a favor de nosotros que conformamos este bello país; exijamos educación de primera y no de pésima calidad y secuestrada más de 20 años por grupos de poder político, pero también exijamos un medio donde se puedan desarrollar las actividades productivas con remuneraciones dignas, sin odio y en armonía. Soy partidario de los procesos, no de las revoluciones; los primeros dejan huellas, las segundas solo cicatrices y heridas que quizá nunca cierren.

Juan Antonio Plaza Franco,
Guayaquil

 Agenda
Guayaquil
Yoga

La fundación AMAR invita a las charlas gratuitas sobre los beneficios del yoga y la atención y educación de niños menores de 10 años. Informes al  228-5545,   (09) 631-3474.

Más Actividades 
Secciones : Política | Economía | Sucesos | El País | Internacionales | Deportes | El Gran Guayaquil | En escena | Vida
eluniverso.com | Suplementos | Especiales | Servicios


eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
Diario El Universo - Av. Domingo Comín y Calle 11 - Guayaquil, Ecuador
Telf.: 593 4 2490000 Fax: 593 4 2492925 P.O. Box: 09 01 0531
Clasificados: 593 4 2495566 Suscripciones: 1-800-DIARIO

Este diario es miembro de AEDEP, SIP, WAN

© Derechos reservados 2008 C.A. EL UNIVERSO
Prohibida la reproducción total o parcial de este contenido sin autorización de C.A. EL UNIVERSO