- SEP. 04, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Que una de las condiciones innatas del ser humano de la era postmoderna sea desear lucir bien o mejor que otros, es hasta natural actualmente. Sé que la misión de la televisión, entre otras, es entretener. Pero no puedo dejar de preguntarme ¿qué aportan, en relación a las dos instancias anteriores, programas como ‘Veredicto Makeover’, de Casa Club.
TV? Más aún cuando la idea de la belleza o del lucir bien, en ellos, se encuentra supeditada exclusivamente al género femenino, porque jamás hay un hombre sentado en el banquillo de los participantes.
¿Será que los hombres no necesitan exponerse a un jurado lapidario primero, pasar por una reconstrucción de look después y luego enfrentarse a otro jurado que lo observe como ratón de laboratorio para que finalmente le realice una seudointrospección psicológica de tres minutos, elogiando el cómo y cuánto ha cambiado su personalidad y carácter?
Claro que esos elogios van a parar directamente en el buzón de publicidad gratuita de la efectividad del programa. Un psicólogo emplea horas, semanas y meses en erradicar del inconsciente de una persona un trauma de años de humillación frente a la mirada de los otros.
Y este programa parece tener la fórmula mágica para hacerlo en cuestión de tres días, con una visita al estilista, el dentista y unas horas de compras. Habría que preguntar ¿qué sucede con las participantes luego del reality? He ahí lo interesante de los seguimientos.