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Durante decenas de años parte de la ciudadanía ha reclamado por la falta de Políticas de Estado.
Ha sido una manera de expresar la insatisfacción porque cada gobierno ha tomado el rumbo administrativo que le pareció bien, sin tener necesariamente en cuenta el pasado ni el futuro.
Actualmente, la Constitución codificada en 1998, como ejemplo, atribuyó al Presidente de la República, en el numeral 3 del artículo 171, “establecer las políticas generales del Estado, aprobar los correspondientes planes de desarrollo y velar por su cumplimiento”.
Los presidentes que han gobernado con ella, incluido el actual, han dictado muchas veces políticas, según constan en sendos decretos ejecutivos publicados todos en el Registro Oficial.
Durante el estudio que estoy realizando del proyecto de Constitución elaborado en Ciudad Alfaro, de Montecristi, respecto del tema he podido concluir lo siguiente:
-Me llamó la atención la variedad de verbos utilizados para referirse a la creación de las políticas: establecer, formular, elaborar, definir, generar, dictar, adoptar, determinar o diseñar.
Como podrá usted apreciar, al hacer una lectura apropiada, hay matices que no son esclarecidos suficientemente.
-Así mismo observé que quienes pueden crear las políticas son diferentes actores, por ejemplo el Estado, en forma genérica sin especificar qué organismo o funcionario, la Función de Transparencia y Control Social, la Función Ejecutiva, la Autoridad Ejecutiva Nacional, los Consejos Nacionales para la Igualdad, el Presidente de la República, el Consejo de la Judicatura, los Gobiernos Autónomos Descentralizados, el Consejo de Gobierno de Galápagos, el Consejo Nacional de Planificación, el “Estado Central” con los Gobiernos Autónomos Descentralizados Amazónicos, entre otros.
No he encontrado una forma de articulación de todas esas políticas que pueden ser creadas por los referidos actores, como para poder afirmar rotundamente, a ciencia cierta: de esta manera se van a generar las Políticas de Estado, que habrían de mantenerse en el tiempo, aunque cambien los gobiernos.
Esta preocupación me lleva a pensar que, lamentablemente, no habría llegado el momento de maduración cívica y política que produzca la propuesta de organización y planificación estatal que varias personas hemos ansiado.
Es posible que haya otra lectura del mencionado proyecto y que la garantizada participación ciudadana en la “formulación, ejecución, evaluación y control de las políticas públicas y servicios públicos”, prevista en su artículo 85, sí alcance los buenos objetivos, a pesar de las razones expuestas.
En todo caso, habremos quienes seguiremos impulsando la creación y aplicación de Políticas de Estado.
¿Será posible, algún día, pasar de políticas presidenciales a Políticas de Estado? ¿Sería tan amable en darme su opinión? |