miércoles 03 de septiembre del 2008 Columnistas

Cartas a Jefferson

El día de la rueda de prensa de Jefferson Pérez en Quito, yo estaba en Guayaquil, iba en un taxi y el conductor escuchaba las palabras y respuestas de Jefferson a todo volumen, corriendo por las calles como si fuera en un avión. Le dije que no competíamos en las Olimpiadas de velocidad, no me hizo gran caso y siguió escuchando ensimismado. Llegué a una oficina y encontré al personal que allí trabaja con la televisión prendida, hipnotizado mirando la pantalla. Era alrededor de las 10:30 de la mañana. Solo cuando la rueda de prensa terminó pudimos hablar. Me asombró que a esa hora media ciudad estuviera suspendida a las palabras de Jefferson.

Quise entonces saber qué significaba esto para los jóvenes pandilleros. Estaban entusiasmados. Les pedí que escribieran, he aquí algunos de los mensajes.

Carlos escribe: “Tengo 22 años y también he representado a la patria en ciertas ocasiones, como deportista de waterpolo,  sueño ser como tú, te respeto y te admiro y por eso te contaré algo. Yo soy miembro de una organización de jóvenes llamada Latin King y también estoy aprendiendo que uno puede ser alguien en la vida, que uno tiene que superarse y tú eres para mí ese ejemplo”.

Mauricio, más joven, también huérfano de padre y conocedor de la vida de la calle y en la calle, miembro de pandillas,  escribe: “Has logrado las metas que te propones en la vida y eso me ayuda. Yo quiero ayudar a mi madre, a mis hermanos, ser alguien en la vida, quiero tener una familia y que hablen bien de mí. Tú lo has logrado con arduo esfuerzo y trabajo. Para mí eres un ídolo y ejemplo a seguir, no solo mío sino de muchos. Que Dios te colme de  bendiciones”.

Mientras Enrique,  quien una vez que estaba a punto de cometer graves errores  habló con él por teléfono, le escribe: “Cuando te conocí, Jefferson, me diste todo el aliento con palabras que no son inventadas, sino que son  una enseñanza de vida, de no dejarse vencer, de luchar contra la corriente porque, como tú dices, el único límite es el cielo. Como jefe de pandilla organizada muchas veces nos identificamos contigo, ya que también surgimos de la nada. Estamos peleando una batalla más importante que cualquier otra: la de aprender a corregir errores y la de no mentirse a uno mismo. Sabes algo, admiro tu humildad, tu manera de aceptar los triunfos y las derrotas. Y ver que los triunfos te comprometen a cambiar mentes y corazones. Nos enseñas a todos que no somos perdedores, que tenemos que ser campeones mundiales cuando hacemos aquello que nos gusta hacer. Hoy en esta nueva etapa de tu vida, todos te apoyamos, te queremos con amor de corazón. Ojalá nuestros mandatarios tengan ese mismo amor y sueños y sientan la coherencia de entregarse hasta romperse los huesos dejando crecer el alma, el respeto, las ideas, la sencillez y la grandeza”.

Los líderes nacen en un contexto determinado, son fruto, se identifican, y a la vez elevan las condiciones que permiten que emerjan como lo que son. Por eso Jefferson representa y a la vez es parte del Ecuador profundo, de la gente buena y honesta, tenaz, y luchadora que no se rinde y se esfuerza, con una pizca de humor mordaz, a las realidades cotidianas para transformarlas en hechos extraordinarios.

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