Nadal ha culminado este miércoles con la consecución del Premio Príncipe de
Asturias de los Deportes su año más mágico, en el que ha ganado por cuarta vez
el torneo de Roland Garros, el primero en Wimbledon, la medalla de oro olímpica
y se ha situado como número uno del mundo.
Nuevos vientos han soplado para el tenis mundial. El español ha sido el único
capaz de alterar el orden en el circuito. De terminar con la dictadora
instaurada hace más de cuatro años atrás por un talento acordado entre el puñado
más excelso de la historia.
Rafael Nadal tiene mucho que ver en la abdicación de Roger Federer,
imposibilitado a prolongar su magia permanente entre las alturas de la
clasificación. Y enquistado en el ímpetu de frenar el advertido crecimiento del
balear. Tanta presión ha terminado con el mito. Al menos de momento.
Un lunes 18 de agosto de 2008 permanecerá registrado como la coronación del
mejor deportista español. Un tipo plagado de ambición, de superación, que valida
y representa como nadie los valores anhelados por la condición humana. Aquellos
que propician el éxito.
Nadie como él. Capaz de romper los registros, batir récords y tumbar
barreras. Intratable en su hábitat natural pero posibilitado también para
invadir territorio ajeno.
El primer tenista español en conseguir el oro olímpico fue el mismo que
terminó con la larga travesía del desierto en Wimbledon. De unir los tiempos de
Manolo Santana con los suyos. De alcanzar la cima del mundo. Y de intentar
prolongar su estancia más allá del obtenido por Juan Carlos Ferrero y Carlos
Moyá, los referentes hispanos más recientes.
Después de hacer de Roland Garros un feudo intratable, con 28 victorias
seguidas y cuatro copas de los Mosqueteros, el tenista de Manacor tiene ante sí
el mejor panorama. Un alentador futuro.
Mucho ha tenido que ver en la trayectoria del balear las directrices de su
tío y entrenador, Toni Nadal. Un tipo de talante tranquilo, que pretende
traspasar ese sosiego, desde la sombra, al hombre al que ha situado a la altura
de los mitos: de Bjorn Borg, de Ilie Nastase, de Mats Wilander, Jimmy Connors,
John McEnroe.... ilustres que marcaron una época y dejaron grandes momentos para
la historia.
Toni, hermano del que fuera futbolista internacional del Barcelona Miguel
Ángel Nadal, ha conseguido que Rafa mantenga los pies en el suelo. Desde el
primer momento. Desde que, siendo un chaval, estaba exultante tras conquistar el
campeonato de España. Entonces, Toni Nadal le mostró la relación de vencedores a
lo largo de la historia en el torneo. Y le preguntó cuales de esos nombres
recordaba. Pocos, muy pocos, habían progresado después.
El primer jugador después de Wilander en ganar el título en París en el año
de su debut, el que ha sido capaz de truncar la leyenda en hierba de Federer,
asimiló bien los consejos de su tutor y ahora acaba de proporcionar un oro
histórico al deporte español. Un logro que alimenta un curso explosivo, con ocho
títulos a sus espaldas. Beijing 2008 se une a Roland Garros y Wimbledon; a los
Masters Series de Montecarlo, Hamburgo, Canadá; a los torneos de Queens, de
Barcelona... con las finales en el Masters Series de Miami y Chennai, que
también pudo ganar.
El oro olímpico supone el trigésimo primer título del tenista de Manacor. Un
número que amenaza las grandes cifras de las leyendas imponentes.
Con ocho derrotas en los 70 partidos del curso, este zurdo ha implantado una
nueva autoridad en el tenis. Ha cambiado los tiempos establecidos. Ha impuesto
los nuevos vientos. Una exhibición de que el ser humano tiene al alcance
cualquier cosa que intente.